Día 2 de marzo: espectáculo satisfactorio con protagonista insuficiente.
Alceste es todo un operón y la música de Gluck me consiguió meter en la función casi desde el principio, y eso que entré en la sala cuando ya estaban cerrando las puertas, una agonía, desconcentradísimo y agotado.
Bien llevada la orquesta por Ivor Bolton, de una manera ligera, sin caer en la solemnidad, dejando fluir la música.
Angela Denoke no pudo con el papel. Caló todos los agudos y estaba falta de fuerza. Mejoró al principio del tercer acto, pero ya era tarde.
Paul Groves aceptable, aunque con esa sensación de que va a gallear constantemente porque el agudo se le estrangula.
Correcto Willard White aunque con la voz ya muy desgastada.
Bastante bien los secundarios.
Warlikowski propone una matización de la historia de Alceste, tampoco hace una gran transgresión: a estas alturas no creo que a nadie le vaya a sorprender un cambio temporal en una puesta en escena de ópera. La historia no tiene ninguna variación esencial y es coherente dramáticamente hablando. Sólo se introduce un prólogo y nos cambia el epílogo porque Alceste se ha sacrificado y ha vencido... ¿pero a qué precio?
El problema con los enfants terribles de la escena es que tienen que colocar sus boutades para epatar al personal: la bailaora, el Santo Apolo del Sagrado Fluorescente, el baile espasmódico de los zombis necrofílicos... estupideces puntuales que para mi gusto no ensombrecen el resultado global satisfactorio de la producción.
Quien quiera ver columnas jónicas, túnicas y puestas de sol en un templo al borde del Egeo que se pase por los salones de la segunda planta del teatro y observe el rancio y cursi cuadro de la reina Sofía.
Aplausos cortos, abucheos para Denoke y un Fueeeraaaa desgañitado. Luego no entendí si dijo "ladrones" o "cabrones".
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