Wanderer escribió:
Las óperas son obras para la escena, y por tanto se deben presentar escenificadas. Así de sencillo. El argumento que pueden esgrimir los programadores de "así sale más barato" o "así atraemos al divo Xyz", creo que los aficionados no lo debemos aceptar. Porque en definitiva no es más que una componenda. Ciertamente, en el proceloso y variopinto mundo de las versiones de concierto hay muchas variaciones, desde aquella para mí más bien detestable en que los cantantes se presentan en smoking, aferrados a sus atriles, pendientes de sus partituras y sin apenas interacción, con la orquesta por detrás de ellos; hasta otras en que se introducen elementos escénicos que pueden ser tan simples como un tiesto con flores, como la Iolanta de la Netrebko, donde además los cantantes se movían por el escenario con una cierta libertad, sin partitura y generando una cierta ilusión teatral. Yo a una versión de concierto le pediría cuando menos que la orquesta estuviera en donde le corresponde en un teatro de ópera, que es en el foso; y que los cantantes actuaran sin partitura.
Además de lo cual, habría muchas otras soluciones intermedias, como puestas en escena itinerantes hechas más o menos a la medida del div@ que quisiera itinerar con ellas, puestas que consistieran simplemente en cuatro telones pintados y vestuario a base de gabardinas, mises-en-espace... qué sé yo. Todo menos la "versión de concierto". No a la "versión de concierto".
Efectivamente, hay soluciones intermedias. Y sencillas.
No sé si alguno de ustedes estuvo hace años en el entonces recién estrenado El Escorial con motivo de un "Sigfrido" en versión concierto. Orquestaza parisina dirigida por un soberbio Essenbach. Aquello era en versión concierto, y el protagonista fue JF West, que en aquella tarde me pasó a la historia por dos razones:
una, haber sido la voz en directo que me ha impresionado más, solo su entrada desde fuera puso en peligro los cimientos del recito. La suya fue una auténtica exhibición.
Y dos, por esto que hablamos: si alguno asistió, podrá dar fe de la que montó el West escénicamente él consigo mismo en versión concierto. Fue la releche!!! No paró de una lado para otro, saltando, gesticulando, haciendo unos mimos perfectos (la forja de la espada fue la monda!!), y hablamos ya de un señor mayorcete y bastante entrado en carnes.
Es decir, que se puede, por supuesto, y creo que se debe dar rienda suelta al cantante para que pueda meterse en el role de una forma física en un formato recital. Versiones concierto? Sí, pero:
1/ fuera atriles, asientos y partituras
2/ fuera frac o smokin': indumentarias relajadas y que permitan dicha libertad (West llevaba un pantalón y una camisa negra por fuera, y punto)
3/ fuera salidas de cantantes con director: los cantantes entran y salen desde bastidores cuando así lo implica la situación.
4/ sobretítulos traducidos (siempre que el teatro/auditorio disponga tal posibilidad que hoy día son muchos ya) y programas de mano con libreto traducido
5/ bienvenidas a aplausos, bravos u ovaciones por parte del respetable entre números, al igual que en una representación.
No confundamos una versión concierto con una gala o recital: en este segundo caso, sí cobran sentido todos esos elementos formales de vestuarios, atriles, salidas etc, pero no lo hacen en una versión concierto.
También he de decir que entre las muchas soluciones que hay existe la apuesta por el gusto y la sencillez. El sábado pasado acudí a la Fundación Juan March, que presentaron "Cendrillon", una opereta de salón de Pauline Viardot (primeros de siglo, hija del tenor Manuel García), que con cuatro-cinco cosas y movimientos resolvieron con una eficacia y gusto exquisitos, aparte de ser una auténtica delicia de música y convocar a un elenco vocal local estupendo (Sonia de Munck y Rey-Joly entre otros). Desde luego mucho más bonito, interesante, novedoso, y precioso que decenas de gafapastadas pretensiosas que nos venden en el Real. Exitazo.
Ya digo: el gusto, el servir a la música (que no servirse de) y la sencillez, son elementos con los que se puede jugar y muy bien para dejar niquelado un trabajo escénico servible para ofrecer una ópera con pocos medios (o directamente ninguno) en formato concierto sin que falte de forma total el elemento visual.