
Los guardianes wagneritas del sello, siguiendo la opinión de don Ricardo, han conseguido que esta ópera parezca condenada al olvido. Puede que no sea obra maestra, pero sí es un notable ejemplo de la
Zauberoper, género en el que hay unos cuantos títulos que convendría revisar. Por sí misma,
Die Feen tiene momentos de gran vuelo lírico y una atmósfera romántica entre mágica y tenebrosa tan lograda como las de Lortzing o Marschner. Y aunque es cierto que, en su tratamiento vocal e instrumental, acusa influencias más o menos confesables (Weber, Mendelssohn) y se mueve dentro de una estructura de números cerrados e “italianizantes”, hay ya giros armónicos dignos del Wagner de madurez.
La versión de Sawallisch subraya el wagnerianismo con una textura general bastante más densa que la escuchada, por ejemplo, en la reciente lectura de Minkowski. Lástima que la toma de sonido sea de desigual calidad, con instantes auténticamente cavernarios. En la pareja protagonista me convence más Ada que Arindal. Linda Esther Gray es una lírica con cuerpo y buen fraseo al que todo el mundo consideró en su día una Isolde menor, pero que aquí se mueve a sus anchas; John Alexander, en cambio, estropea algún gran momento con su timbre desabrido y sus agudos apagados. El resto del elenco lo completan nombres de la altura de June Anderson, Cheryl Studer o Kurt Moll. Por lo que he escuchado, las versiones disponibles en Spotify y andurriales ni se acercan a esta.