Si no PUEDO con los payasos (siempre les he visto algo muy inquietante de risa impostada, prisa por terminar la función y desmaquillarse de y cierta hambre, y eso mucho antes de ver
La strada y los anuncios de Micolor) y cada día le tengo más tirria al verismo (¿en serio, la has acuchillado tú solo? Qué mayor), ya me dirán por qué DIANTRES me he puesto con un programa doble Golondrinas-Black, pero bueno, eran dos obras que tenía bastantes ganas de repasar.
Lo verdaderamente conseguido de la obra de Usandizaga es una orquestación sugerentísima, climática, armónicamente audaz y muy al servicio de las situaciones dramáticas (no es sorprendente que el fragmento más conocido de la ópera sea un extenso número orquestal con un breve recitado del barítono). Además, Lina canta casi todo el tiempo música de una gran belleza y la descripción de un trazo de personajes arquetípicos, sí, pero muy reconocibles, es eficaz. En el pasivo de esta partitura tan hermosa, aparte de cierta fluctuación en la calidad del discurso musical explicable por el hecho de deberse la puesta en música de los hablados de la versión original a manos distintas, aunque fraternales, de las del compositor , considero que el melodramatismo de la época a la que pertenece ha envejecido muy mal (ya es un tópico decir que el monólogo de la confesión de Puck es un HORROR, pero es que es un HORROR), aunque Usandizaga se muestra mucho más inspirado en los ambientes más líricos que en los descarnados.
En la grabación de Ataúlfo Argenta, Pilar Lorengar está radiante en el personaje de Lina, reflejando su inocencia y su sufrimiento por amor. Ana María Iriarte nunca tuvo un canto refinado, pero el papel de Cecilia le exige precisamente arrojo y cierta vulgaridad, y por ello está muy contrastada con la soprano, además de valiente en las ascensiones al agudo y menos peleada con la afinación de lo que solía. Torres, por el contrario, aunque está mejor de lo que suele decirse, no consigue salvar su papel de los clichés folletinescos que tanta altura restan a la obra. Estupendo Ataúlfo Argenta, muy consicente del valor sinfónico de la partitura que tiene entre manos.
Black el payaso es una obra semidesconocida y atípica dotada de mucho encanto, pero no deja de parecerme una obra “de momentos”, algunos más conseguidos y otros menos, pero en todo caso, sin la redondez de las grandes obras del compositor. El comienzo con un originalísimo prólogo (teatro dentro del teatro de la mejor escuela) termina dando paso a una obra que se desarrolla de forma mucho más convencional (una comedia amable con un falso rey que se revela un gran gobernante), aunque la orquestación, incluso de los números más livianos, siempre resulta interesante, y sobre todo, el dúo de la soprano y el barítono y la romanza de éste son dos números antológicos. En la grabación dirigida por el propio autor, pese a sus limitaciones vocales y técnicas, Renato Cesari logra un persuasivo y emocionante retrato del payaso inesperadamente al cargo del destino de su gente. A su lado está excepcionalmente bien Alfredo Kraus, incluso por encima de sus habituales estándares, y bastante regulares Leda Barclay y Jorge Algorta.