Carl Tunner escribió:
Don Benito Pérez Galdós es grandioso. El más grande escritor en lengua castellana después de Cervantes. Punto

En mis mesillas de noche siempre hay un libro de Galdós y uno de ópera.
No olvide a "Andrés Niporesas", a "Fígaro"... A Don Mariano José de Larra:
http://es.wikisource.org/wiki/Qui%C3%A9 ... _encuentra"Ábrese el teatro, y a esta hora creo que voy a salir para siempre de dudas, y conocer de una vez al público por su indulgencia ponderada, su gusto ilustrado, sus fallos respetables. Ésta parece ser su casa, el templo donde emite sus oráculos sin apelación. Represéntase una comedia nueva; una parte del público la aplaude con furor: es sublime, divina; nada se ha hecho mejor de Moratín acá; otra la silba despiadadamente: es una porquería, es un sainete, nada se ha hecho peor desde Comella hasta nuestro tiempo. Uno dice: «Está en prosa, y me gusta sólo por eso; las comedias son la imitación de la vida; deben escribirse en prosa». Otro: «Está en prosa y la comedia debe escribirse en verso, porque no es más que una ficción para agradar a los sentidos; las comedias en prosa son cuentecitos caseros, y si muchos las escriben así, es porque no saben versificarlas». Éste grita: «¿Dónde está el verso, la imaginación, la chispa de nuestros antiguos dramáticos? Todo eso es frío; moral insípida, lenguaje helado; el clasicismo es la muerte del genio». Aquél clama: «¡Gracias a Dios que vemos comedias arregladas y morales! La imaginación de nuestros antiguos era desarreglada: ¿qué tenían? Escondidos, tapadas, enredos interminables y monótonos, cuchilladas, graciosos pesados, confusión de clases, de géneros; el romanticismo es la perdición del teatro: sólo puede ser hijo de una imaginación enferma y delirante». Oído esto, vista esta discordancia de pareceres, ¿a qué me canso en nuevas indagaciones? Recuerdo que Latorre tiene un partido considerable, y que Luna, sin embargo, es también aplaudido sobre esas mismas tablas donde busco un gusto fijo; que en aquella misma escena los detractores de la Lalande arrojaron coronas a la Tossi, y que los apasionados de la Tossi despreciaron, destrozaron a la Lalande; y entonces ya renuncio a mis esperanzas. ¡Dios mío! ¿Dónde está ese público tan indulgente, tan ilustrado, tan imparcial, tan justo, tan respetable, eterno dispensador de la fama, de que tanto me han hablado; cuyo fallo es irrecusable, constante, dirigido por un buen gusto invariable, que no conoce más norma ni más leyes que las del sentido común, que tan poco tienen? Sin duda el público no ha venido al teatro esta noche: acaso no concurre a los espectáculos.
Reúno mis notas, y más confuso que antes acerca del objeto de mis pesquisas, llego a informarme de personas más ilustradas que yo. Un autor silbado me dice, cuando le pregunto quién es el público: «Preguntadme más bien cuántos necios se necesitan para componer un público». Un autor aplaudido me responde: «Es la reunión de personas ilustradas, que deciden en el teatro del mérito de las producciones literarias».
Un escritor cuando le silban dice que el público no le silbó, sino que fue una intriga de sus enemigos, sus envidiosos, y éste ciertamente no es el público; pero si le critican los defectos de su comedia aplaudida, llama al público en su defensa; el público le ha aplaudido; el público no puede ser injusto; luego es buena su comedia."