Buena opción, estimado MarttiT. En cambio, a mi me tocaba:

A mis años, es la primera vez que veo una versión completa de
Los Maestros, el título wagneriano con el que menos cómodo me siento. He optado por la que está más a mano en la red.
Si solo se conoce la obra de oídas, la dirección de Otto Schenk es más que recomendable. Recoge todo el imaginario que suele asociarse a este título con todo el despliegue de medios del Met de las vacas gordas. La escenografía nocturna del segundo acto hará las delicias de los aficionados belenistas, como es mi caso. Además de los méritos que suelen reconocérsele a Schenk (decorados, vestuario, iluminación), destacaría su sabiduría en la disposición y movimiento de los personajes, siempre con sentido tanto en las escenas colectivas como en las más íntimas.
El reparto de aquel año ofrece un balance discretamente solvente para quien no pretenda establecer comparaciones. En caso contrario, hay bastantes opciones preferibles. A James Morris lo había escuchado en alguna ocasión y me parecía un cantante bastante flojo. Lo es (graves imposibles, problemas de fiato que trocean la belleza de ciertas frases), pero en vídeo su presencia escénica mitiga un poco el desaguisado, ofreciendo algunos momentos actorales de categoría: si fuera italiano tendría, a buen seguro, una legión de tiffosi dispuestos a perdonarle sus “defectillos”. La pareja de tortolitos mejora mucho el nivel canoro, aunque ninguno de ellos transmite como Sachs: Ben Heppner es un Walter casi impecable, si bien su voz acusa ya algún síntoma de su deterioro posterior, mientras que Karita Mattila tiene técnica más que sobrada para dar ductildad a un instrumento con más cuerpo del habitual en este papel. Por cierto, ¿alguien sabría aclararme por qué ha desaparecido del mapa esta cantante? Del resto del reparto destaca el Pogner de René Pape, lo mejor de la ópera en mi opinión. Entre los maestros hay de todo, con un nivel medio aceptable. Por último, me hace gracia ver a Pollenzani como aprendiz: ayer mismo escuché su Duca y eché de menos que un Marker le hubiera suspendido en su día el examen de maestría.
Al frente de la orquesta del Met, el inevitable James Levine. Poco que descubrir de él a estas alturas. No es recomendable ni para quienes aborrecen
Maestros (sus tempi exasperan la morosidad de los fragmentos menos conseguidos) ni para quienes lo adoran (una prudentísima lectura incapaz de dar intensidad a los momentos sublimes, que los hay). Quienes estamos a medio camino agradecemos su buen oficio, su habilidad para manejar las distintas secciones de la orquesta o para llevar los concertantes, que es clave en las partes más comprometidas de esta obra tan traicionera para los directores (es el batacazo wagneriano de Kna, por ejemplo).
Huy, esto me ha salido un poco largo. Ya se sabe: Meistersinger…
