
Siempre tiene un poco de montaña rusa y de emociones fuertes embarcarse con esa "gran dama del belcanto" que es la señora Fleming cuando se mete en este tipo de fregados. Y esta Borgia no es una excepción. Una pena que la ida de olla de esta señora sea tan descomunal, porque los medios vocales podían haber servido para este tipo de repertorio, pero su empecinamiento en destrozar la línea de canto y el legato a base de suspiritos, énfasis ridículos, deformaciones fonéticas (relajando vocales o simplemente trabucando unas con otras), acentuando donde no debe, y pasando por alto, en cambio, los momentos climáticos, acaban arruinando por completo su interpretación. Lástima porque el registro agudo está bien resuelto y es brillantísimo, siendo ésa su mejor baza, porque en el centro y primer agudo a veces hay lagunas, y el grave está muy desgarbado. También se defiende con decoro en la coloratura (en cuanto a la ejecución, no así en cuanto a la expresión, donde vuelve a mezclar churras con merinas), y en algunos alardes virtuosísticos, trinos incluídos. No se esfuerza mucho en matizar ni en jugar con las dinámicas, y como actriz es más bien tirando a pésima. Una interpretación, por tanto, sólo para sus incondicionales, si es que los hubiera o hubiese.
Elisabeth DeShong (Orsini) es otra de esas voces de mezzo al uso, impersonales y prefabricadas, que tanto abundan, y que son más falsas que un euro de chocolate. Además completamente embotada, y da la sensación de que no se debe escuchar más allá de la primera fila de butacas. Vitali Kowaljow (Alfonso) es otro negado para este asunto; voz hueca y completamente apoyada en la nariz, aunque visto lo visto habrá que conformarse, porque como decía Bruscantini, "mejor en la nariz que en el culo".
Lo más disfrutable del espectáculo es el Gennaro de Michael Fabiano. Una voz bella, homogénea, incluído el registro agudo al que llega con soltura (se va al Do, en el dúo con Orsini), y un canto cálido y fervoroso. Me recuerda un poco al joven Carreras, aunque éste tenía más terciopelo, y a cambio Fabiano tiene más metal. El canto es sobre todo muscular, a base de empuje, de juventud y de frescura. El paso no está bien cubierto y ahí se aprecia un cierto vibrato "caprino", pero en una página trampa como
Di pescatore ignobile, que pone a prueba la clase y la fantasía de cualquier tenor, sale bastante airoso. En la escena de la muerte se le notan un poco más las costuras, aunque consigue hacerse valer. En cualquier caso, un cantante al que conviene seguirle la pista.
Riccardo Frizza dirige sin demasiado inspiración, y la puesta en escena es de las "bonitas", aunque con algunos toques de autor: una poco creíble violencia de género entre el Duque y Lucrezia, y una subrayadísima atracción homosexual entre Orsini y Gennaro.
Peccata minuta para los tiempos que corren

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