Les Arts nos ha programado por tercera vez su celebrada producción de "La Walkyria". Se trata de conmemorar el año Wagner, lo cual me parece muy bien, pero hubiera preferido un "Lohengrin", "Tannhauser" u "Holandés" (las tres grandes asignaturas pendientes del teatro en el mundo wagneriano. Lo de Bellini es de juzgado de guardia, pero va por otros derroteros). Aquí van mis impresiones de la función de anteayer, 6 de noviembre.
Bernadette Flaitz, Julia Borchert, Pilar Vázquez, Nadine Weissmann, Eugenia Bethencourt, Julia Rutigliano, Patrizia Scivoletto y Gemma Coma-Alabert dieron vida a las ocho walkyrias. Creo de justicia nombrarlas a todas. Bien en general en sus cortas frases y conjuntadas cuando tocaba. Siempre he pensado en la dificultad de encontrar ¡ocho! cantantes femeninas para papeles breves, pero que sobrepasan el cometido de las simples comprimarias en una obra que, además, tiene dos papeles muy importantes de soprano y uno también notable de mezzo.
Elisabeth Kulman fue Fricka, la esposa "legítima" de Wotan (y digo yo ¿legítima en virtud de qué?). Buena voz y adecuación total al personaje.
Stephen Milling en Hunding se encontraba con la papeleta de luchar con el recuerdo de Salminen en este mismo papel. Hay que decir que superó la prueba con suficiencia e incluso brillantez.
Heidi Melton (Sieglinde) fue para mí la sorpresa de la noche. Voz preciosa, muy lírica pero con cuerpo. Bien como intérprete. Fue de las más aplaudidas en los saludos finales.
Nikolai Schukoff se encargó de Siegmund. Muy bien de voz, con potencia y "squillo" (no sé cómo se dice esto en alemán, lo siento) apreciables sobre todo en sus "Wälse". Dio una bella versión de la "Winterstürme". Es un asiduo de Les Arts, pero no había podido apreciarlo mucho en sus actuaciones anteriores como Narraboth (un papel más bien poco lucido) ni en un Dimitri sin acto polaco (poco más que un comprimario distinguido).
Thomas Johannes Maier fue Wotan. La interpretación es ajustada, el fraseo enérgico, pero a pesar de esto fue el más flojo del reparto (sin estar mal, ni mucho menos). La culpa la tiene una voz a la que falta presencia, densidad, peso. Precisamente, todo lo que exige Wotan.
Brünhilde fue, de nuevo, Jennifer Wilson. La primera vez era una perfecta desconocida y causó impacto. Ahora, pasada la novedad, sigue siendo una intérprete muy válida. La voz ha perdido algo de brillo en el centro, pero conserva un brillante agudo.
La orquesta y Mehta, en su linea de siempre, es decir, excelsos. Me ha parecido que la versión ofrecida esta vez ha tratado de limar aristas (si es que las había) y acentuar el lirismo. Llama la atención la duración de los actos (70, 100 y 80 minutos), es decir, una versión de tempi pausados.
La producción, conocida de sobra, es un ejemplo preclaro de cómo se puede ser rotundamente innovador y original guardando una fidelidad absoluta al autor. Incluso parece que gana con el tiempo, como los buenos vinos. ¡Ah!, y los cantantes saludaron después de los actos, algo insólito en los tiempos que corren.
Calificación: Sobresaliente.
Aquí dejo también el enlace al blog de Atticus, con el que estoy sustancialmente de acuerdo.
http://elblogdeatticus.blogspot.com.es/