Pues esto es que estaba leyendo el comentario de Rupert de Hentzau sobre una interpretación de La Sonambula en el Teatro Petruzzelli (que, como todos los suyos, sólo un necio puede dejar de leer salvo que sea por inadvertencia; y espero que loS moderadores no se ceben conmigo por decir esto

) en el que comentaba algo sobre la sublime melodía en "Prendi, l'anel ti dono" y se me ocurrió que podíamos mencionar melodías (en principio de ópera, pero tampoco vamos a poner límites a la providencia) que nunca nos cansen pese a haberlas escuchado infinidad de veces, como a mí me pasa con la susodicha de Bellini.
Por supuesto, también se pueden mencionar melodías que nos gustaron mucho así de entrada y ahora nos cuesta tolerar.
En fin, músicas que se libren del destino que describe el Duque de Orsino en Noche de Epifanía:
If music be the food of love, play on,
Give me excess of it; that surfeiting,
The appetite may sicken, and so die.
Si la música es el alimento del amor,
tocad siempre, saciadme de ella,
para que mi apetito, sufriendo un empacho,
pueda enfermar, y así morir.
Y músicas que caígan de lleno en él.
Por supuesto, cosas parecidas se han propuesto ya en este y otros foros infinidad de veces. Nunca me he creído original.
Como, en realidad, la parte más expuesta de este juego es reconocer qué grandes melodías nos empiezan a parecer tan pesadas como un huésped que se eterniza, empiezo yo haciendo el ridículo y diciendo que me da pereza escuchar la cancíon del saúce en el Otello de Verdi.
Para compensar al maestro Verdi, una melodía tan extrovertida y ligera como la del bolero de Ernani (Ernani, Ernani involami) no me canso de escucharla, aunque yo creo que debería a estas alturas.