Dejo por aquí algunos comentarios de la función de hoy, con el segundo reparto, que son bastante coincidentes con los ya publicados por otros foreros. Supuestamente se trataba de una función de
Barbiere di Siviglia, pero la sensación general era más bien de estar asistiendo a un
Parsifal 
.
Edgardo Rocha (Almaviva). Voz de "tenorino lechero", como decía un viejo amigo mío, escasa de volumen, de mordiente y de proyección. ¡Si Manuel García levantara la cabeza!... ¿Se imaginan ustedes a Kaufmann cantando Almaviva?... Pues probablemente estaríamos en una órbita más cercana a la lógica de lo que pudiéramos sospechar

... Volviendo a la triste realidad, comentar que el tal Rocha canta con cierto gusto (le quedó bonito y con unas variaciones muy bien elegidas el "Se il mio nome"), y tiene mucha naturalidad diciendo el recitativo. El aria final fue otra historia. No supo diferenciar musicalmente los diversos acentos que requiere cada una de las tres partes del número, y además la coloratura está empujada casi siempre, cuando no borrosa y desmayada.
Levente Molnar (Figaro). Voz desigual, con sonidos repartidos aquí y allá, y más bien inodora e incolora. Se mueve mucho pero dice poco. En su cavatina de salida se fue quedando exhausto, y en el final sufrió un percance al no conformarse con el agudo sobre el Sol3 e intentar deslizarse hasta el La. La voz se le fue al garete ante el desconcierto general.
Ann Durlovsky. Una Rosina horrorosa. Voz mate, tragada, filiforme y entubada. Por si fuera poco, su coloratura (como ya señaló el señor Tip) pertenece a la abundante tribu de las gallináceas en grado sumo. Adornó la cavatina con variaciones y sobreagudos de dudoso gusto, y la culminó con un Fa5 espantoso, tanto en términos musicales como estilísticos.
Voz leñosa, dura e inflada la del señor
Lepore, y digno el Bartolo de
Jose Fardilha, una voz con cierta consistencia y no el habitual bufón medio afónico. Aún así, pasó apuros y tiranteces con la insidiosa tesitura de su aria.
Susana Cordón, con algunos callos en la voz, pero sacó con gracia y salero su aria. Y anodina y descolorida la dirección prusiana de
Tomas Hanus, que además embarulló de mala manera los dos números de conjunto, el Final del primer acto, y el Quinteto del segundo.