Yo nunca olvidaré el caso de una amiga: debutó con Tristán e Isolda (le advertí que quizá no aguantaría al ser su primera vez; en cambio le encantó) y le gustaron Katia Kabanová y La Vuelta de Tuerca antes que Rigoletto o La Vida Breve. Con el tiempo se hizo Mozartiana y amante de óperas más tradicionales aunque no hace ascos a nada

Y el caso de un amigo que se aburrió con Bodas y Tannhäuser (aquellas clásicas producciones que vimos en 2009) y al que di por perdido para la ópera... hasta que llegó Mortier y su admiración por la personalidad de éste le devolvió al Real, aficionándolo a obras como Ainadamar, Choeurs, la Poppea de Boesmans o recientemente el Postino -pese a que lamentó la pérdida de Plácido, a quien quería ver-. Y le gustó en video el konzept de Don Giovanni.
O mi querida madre, que adora el belcanto y únicamente las puestas en escena tradicionales.
Yo también (salvo una vez también por insistencia aplastante del amigo de turno, que acabó en la Lulu perpetrada por Loy pero lo recuperé con Werther y Tosca) llevo a mis amigos y familiares a las óperas más conocidas del repertorio (incluido Tristán). Dado su poco contacto con la lírica creo que es la mejor salida posible. Cada uno es un mundo.