Gino escribió:
Alberich el Negro escribió:
Escuchando fragmentos de un Rigolettillo... Aldo Protti, Hilde Gueden, Mario del Monaco, Cesare Siepi y Giulietta Simionato. Dirigiendo Alberto Erede (1954). Del Monaco un Duca imposible: es cierto que da las notas, que se muestra insultantemente suficiente en la zona alta, que intenta controlar ese pedazo voz que Dios le habia dado..., pero no puede. ¿Cómo construir un personaje áulico con esa voz de titán heroico? Ahora, eso sí: es el único al que se oye perfectamente todo el rato en el cuarteto del acto III. Estupenda la Simionato en su breve papel: una mezzo de verdad dotada de una voz untuosa que contrasta a la perfección con la de la soprano. El Rigoletto de Protti correcto, con el característico vibrato del barítono de Cremona. En cuanto a Cesare Siepi sencillamente impresionante: ¡qué instrumento el suyo...! Caudaloso, oscuro, sonoro, pastoso, rotundo... El final del dúo con Rigoletto es de infarto: vaya fa natural que se marca el milanés, en un salto interválico perfecto... ¡Y qué manera de cantar! Bonita la Gilda de Gueden.
Déjese de historias, mi estimado Nibelungo, del Monaco parece un sargento chusquero debido a su canto monolítico y el cabreo perpetuo que transmite. Siepi, sí, muy bien, pero ese papel es de acento y claroscuros, no de exhibición.
Vale, de acuerdo, lo de Del Monaco se lo acepto (me creía en la necesidad de destacar algo positivo en la interpretación del mítico tenor), pero... ¡carajo! no me irá a decir que también es un problema el modo en que canta Siepi. Yo no lo llamaría "exhibirse", sino interpretar estupendamente con unas cualidades vocales únicas y de impresión que ya quisiéramos disfrutar ahora (y que él no podía evitar, claro, pues había nacido con ellas

). En el dúo con el "chepas" está que se sale el tío (intención, canto
legato, fraseo perfecto --pues tampoco vamos a poner en el "debe" los puntuales y conocidos problemas de dicción que tenía el cantante-- variedad de dinámicas, suficiencia de medios) y en el trío con Maddalena/Gilda qué le voy a contar... Además se muestra ágil, como requiere la parte y no todos los bajos consiguen. Y todo ello con un sonido empastado, homogéneo, siempre en su sitio, que no pierde esmalte. En fin, Serafín... Que me tiene con usted si me reconoce que tenemos a un cantante de primerísima fila en un papel de carácter que, quizá, no requiere de unos medios tan estupendos y caudalosos para ser bien servido. ¿Pero va a ser eso un problema para nosotros, que pertenecemos al gremio de los insensibles a las puestas en escena?
