Gino escribió:
Entre un "Nabucco" sin cantantes aunque dirija Papá Dios y una buena semanita de juerga, playa y atún rojo en la Costa de Cádiz, tengo claro que me "pierdo" el "Nabucco".
Yo, contento con mi visita anual al Campero de Barbate y ustedes felices emulando a Mr. Tunner en su suma y sigue de funciones.
Y todos satisfechos.
Interesante el debate. A veces conviene un poco pararse a reflexionar cómo planificar nuestra relación con la música o más concretamente con la ópera.
Sobre el año 2007 pasé una pequeña crisis musical, creo que por saturación, música en cada momento que podía, muchos años seguidos con un número de funciones elevadas. Entraba en el teatro sin ilusión y era realmente extraño sentir ese gusanillo en la tripa que aparece cuando algo nos conmueve. Vivía representaciones de enorme calidad y no me producía la emoción que debía, era yo quien fallaba.
Creo que para la intensificación del goce musical, aunque nunca hay que abandonar el corazón y la emoción espontánea, es un factor muy positivo la experiencia y el conocimiento. Por este motivo, para un melómano sin solución, como creo que somos casi todos que andamos por aquí, es necesaria una primera etapa de escuchar todo lo que se pueda, estudiar música con la mayor profundización que nos permita nuestros estudios o nuestra vida profesional si es ajena a la música y aprender de todos aquellos que tienen más experiencia. Esta fase puede durar 30 años, 15 años, 20 años, seguramente ahora algo menos con las nuevas tecnologías. Pero llega un momento, cuando ya se tiene una buena perspectiva histórica y asimilada una importante discografía, aunque siempre hay que seguir formándose e investigando nuevas obras, cantantes y repertorios, donde hay que poner coto a los excesos para no convertirse en un autómata exigente, que va al teatro para poner todo a parir sin que el proceso analítico le deje disfrutar y sin posibilidad de sorprenderse ante la saturación musical que rebosa el cerebro.
En mi opinión, sobre todo si se tiene posibilidad de acudir a representaciones en directo de calidad, hay que planificar estos eventos para que sean realmente únicos y hay que rebajar considerablemente las horas de escucha musical para restaurar un estado emocional más receptivo. Como afirman todos lo libros que hablan sobre la comunicación, el emisor es tan importante como el receptor, esto es una cuestión que se comprueba especialmente en la música. Y muchas veces no nos paramos a pensar que el 50% del logro del disfrute en una representación está en nosotros mismos.
En los últimos años, desde esa pequeña crisis, he rebajado mucho las horas de escucha y las funciones a acudir. Escucho música cuando algo me interesa mucho o necesito matar algún gusanillo, casi nunca escuchar por escuchar. Antes de una función importante, un Parsifal en Bayreuth, un belcanto con buenos intérpretes, una gran propuesta verdiana, en todos los días previos rebajo la escucha musical a 0. En vez de lo que hacía antes, escuchar versiones sobre la obra en cuestión, leo sobre la época, el autor, el estilo o directamente sobre la novela que inspiró el libreto. Cuando he hecho este tipo de planificaciones me ha funcionado a las mil maravillas y si la representación tenía dignidad musical, era sonar los primeros acordes y sentir una emoción extraordinaria. También es muy importante acudir a la representación con el cuerpo y mente relajado y descansado, en esto evidentemente todavía fallo muchas veces por cuestiones de trabajo. Pero en verano he podido hacer planificaciones perfectas.
Toda esta idea me llegó al leer las experiencias que contaban algunos de los primeros asistentes a Bayreuth y cuando me contaron mis padres cómo vivían la ópera mis abuelos y bisabuelos, a base de tocar las recién estrenadas partitura de Puccini en el piano y cantarlas ellos mismos, la emoción que sentían cuando acudían a una representación era algo inimaginable en nuestros días. Claro que mi abuelo por ejemplo además de todo esto, los tenores que escuchaba eran Fleta, Anselmi, Volpi...
No se trata tampoco de renunciar a todas las comodidades y posibilidades que nos permite la tecnología del siglo XXI, sería algo así como vivir como un troglodita para experimentar la máxima emoción al zamparse un venado a la brasa, pero sí reflexionar sobre el uso adecuado que hay que hacer de ella, para intentar en cierta manera que la experiencia musical siga atacándonos benignamente el corazón.