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Muy divertida la crónica de D. Gino y, además, la comparto esencialmente. El más sincero y personal, Leo Nucci. Ni asomo de medias voces, de matices, ni de legato (incluso, a veces, la sensación es de declamación entonada más que de un canto ligado). Además, está ya muy tocado. El timbre usurato, desgastadísimo, seco, con notas agrias, oscilantes. Ni una mórbida, ni una smorzatura, ni una dinámica. Eso sí, conserva la sonoridad con esa emisión suya intuitiva e inconsapevole, un fiato aún apreciable para la edad y el desahogo en la zona alta, franja más sana y timbrada que presenta el veterano barítono. Hace su Rigoletto, con su cojera, sus tics de siempre, que evocan un concepto agradablemente rancio y tradicional de la ópera: El divo o veterano que llega a ser divo, que hace su personaje y lo repite a lo largo de 40 años y es lo que esperan sus seguidores y la mayoría del público. También con esa capacidad, esas tablas, para saber cuando emocionar y crear temperatura teatral, hacer ópera que es algo que hace años hacían casi todos y actualmente es difícil de ver en los escenarios. Llega el acto segundo, el Cortigiani y hay teatro, llega al público, al igual que en el piangi fanciulla (nos lo creemos como padre que consuela a una hija) y la vendetta en la que se pega el la bemol con facilidad exultante y viene su número posterior con bis programado a telón bajado, agradecimientos, a la orquesta al director, abrazo a la soprano... todo va en el lote y si no lo ofreciera, no sería Nucci y seguramente, nos sentiríamos defraudados.
Lo siento, pero una vez más (segundo Duca que le veo) no puedo soslayar las inmensas carencias de Albelo. Primero, nunca ví un cantante imitar tan obsesivamente a otro. Como ocurría en el Jorge de Marina, el intento de imitación de todas las inflexiones y acentos del Maestro Kraus es cuasi enfermizo, pero claro, sin técnica y con voz de partichino. Que sí, que tiene su gusto, buenas intenciones, pero no existe el debido apoyo sul fiato, la debida resolución del pasajae, sí nasalidad a raudales (sólo consigue imitar esos sonidos nasales que aparecían ocasionalmente en el último Kraus), el sonido no se proyecta debidamente más allá del escenario, queda estancado como ese re de la cabaletta. Mejor el sobreagudo del dúo con Gilda y el si natural de la Donna alargado en demasía en una gigionata cuasipueblerina. Sin haber escuchado a Jordi como Duca, pero sí en otros papeles, y compartiendo un material muy limitado y más corto en el agudo, me parece que el jerezano frasea con mayor singularidad y personalidad.
La Pratt tampoco justificó su pedigrí como niña bonita de los Grisini. Al sonido le falta plenitud, equilibrio entre registros. Desaparece por momentos, aparece en filados bien logrados y en los agudos, algunos abiertillos pero timbrados y bien colocados en el resonador. Se observan resonadores faciales especialmente desarrollados en la línea Anderson y Sutherland, pero no está trabajado el equilibrio, como si la cantante hubiera arinconado totalmente la resonancia de pecho y la debida fusión de registros para lograr un sonido compacto y más presente en toda la gama. Además, el timbre es genérico y ni el fraseo ni la intérprete tienen verdadera personalidad. Ulyanov lució su consabida voz de bajo, rotunda y sonora, pero también su habitual y granítica rudeza y fue un tanto doloroso escuchar a la Montiel (una soprano lírica que nunca solucionó su agudo, desde hace tiempo metida a mezzo) luchar con la baja tesitura de la Maddalena emitiendo sonidos broncos, abiertos, exageradamente metidos en el pecho para intentar que sonaran, sin conseguirlo, claro. Así como ver una cantante de modos y carácter tan finos intentar resultar creíble como ramera.
En mi última visita a la Maestranza, la dirección de Pedrito Halffter en D. Carlo, tuvo momentos apreciables y otros muchos más que discutibles con lo que logró crear cierta polémica. Esta vez ni eso. Sonó igual de escasamente Verdiana, además de falta de tensión, de atmósferas, de contrastes, pero mucho más rutinaria, anodina y con algunos tempi verdaderamente letárgicos.
Estupendo jamoncito y gloriosas tortillitas de camarones para cenar en una calurosísima Sevilla y muy agradables encuentros con Juanete y esposa, Gino y Dspinetta.
Magnífica estancia con mi bella compagnia en la siempre embrujadora Sevilla.
_________________ "El canto como la belleza que se convierte en verdad" (Friedrich Schiller)
Última edición por Carl Tunner el 01 Jul 2013 10:25, editado 4 veces en total
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