Pues si Flórez está en la historia, no digamos la cantante que siempre usan algunos para atacar a Tunner, pero en fin, eso sí que es un peaje de los foros. Ya estoy acostumbrado y al igual que la aludida es la reina y no la afecta, al rey Tunner, tampoco
Di Donato es un ejemplo perfecto de cantante actual, musicalita, afinadita, pero monótona y aburrida. Y no es problema de expresión, yo no quiero que se ponga extrovertida y desmelenada como si estuviera interpretando Santuzza, es problema de monotonía, linealidad y falta de variedad en su canto. Además, qué belcanto ni que gaitas si no hay resolución ortodoxa del pasaje, no hay impostación por encima del mismo y el agudo es fijo, estrechito y no está en el resonador superior. Además, no hay plenitud de sonido, la voz no tiene pulpa, carne ni redondez (en teatro, en cine todos suenan igual). Lo comentábamos mi amigo Sagarmínaga y yo en su recital del Real y un fan nos soltó que en el barroco no valían las reglas de cobertura del pasaje y proyección a los resonadores superiores ¡toma castaña! Por eso digo, barroquización (equivocada) total de la Di Donato. Una cantante con sus virtudes, pero vamos, lejor de provocar entusiasmos.
Cualquier agudo que ha dado la reina superabuela en teatro con muchos años, 45 de fiebre y habiéndo pasado una mala noche es superior a cualquiera de los agudines filiformes emitidos por la americana en sus mejores sueños. Ya quisiera en cuanto a apoyo, control de la emisión y proyección.
La Barcellona es una cantante que he visto muchísimo en teatro (no en cines

). Por ejemplo, la he visto tres veces el Malcolm, otras tantas Tancredi, otras tantas Arsace, Dido, Eboli, Stabat Mater, Pequeña misa solemne...
La Horne, al trabajarse ese registro di petto que consiguió y mantener la increíble extensión en el agudo, es decir al ganar esa extensión y riqueza en los extremos, descargó el centro porque es imposible tener más de dos octavas y media y llevar la voz a los extremos con la facilidad, timbre y riqueza que ella lo hacía, si tienes un centro muy ancho y denso.
Pero la voz de Barcellona es sonora (y es donde resulta más brillante y timbrada) en cierta franja que es la medio-aguda, la primera octava no suena tanto en teatro como parece y recuerdo su Tancredi (papel de tesitura muy grave)en Coruña en que todo el mundo estaba decepcionado y decían que se oía el triple a Raúl Giménez, que cantaba el Argirio. Además, el agudo está cada vez más limitado. Eso sí, tiene mucha personalidad, legato, comunicatividad, italianità e indudable impacto escénico en los papeles de contralto in travesti.
La grandeza de Blake no está en la exhibición "atlética" (que también, pero no es un atleta, es un prodigio técnico) sino en la variedad, en la fantasía y constraste en el fraseo, en las regulaciones dinámicas... ahora va arsultar que su carrera se resume en el alarde del aria de "La ocasión hace al ladrón" cuando yo hablaba de la messa di voce (una de tantas que prodigaba) que emite "OH fiamma soave"...
Cierto es que su timbre es muy feo (más lo es una gran franja de Kauffmann y algunos se vuelven locos), algo a penalizar en el bel canto. Eso es innegable, pero más mérito es hacer arte con ese material que la naturaleza te ha dado. Peor son tantos cantantes con instrumentos bellos privilegiados (algo siempre a valorar, por supuesto) que se acomodan y regodean en ello, sin mejorar, ni profundizar en el arte de canto y la interpretación.
Ya me dirán la seducción tímbrica de Bergonzi, Pertile o Tauber, pero fueron inigualables artistas.
Por tanto, para mí y sin negar los méritos de Flórez (ya le he visto el Uberto en Coruña, Milán y Londres- debo ser masoca), el trono de Blake sigue vigente.