Estuve en el estreno de
Carmen en Viena, con la incertidumbre de conseguir entrada, ya que el teatro en cuestión tiene a bien elegir un modelo de venta absurdo, ineficiente e incoherente con los tiempos que corren. Peri hubo suerte.
El elenco no tuvo nada que envidiar al del Liceo de julio de hace dos años.

La gitana respondona, fumadora y veleidosa corrió a cargo de
Elina Garanca, que se desenvolvió como pez en el agua: voz preciosa, sin problemas ni en los graves ni en los agudos, sin llegar a la vulgaridad ni quedarse en el sopor, hasta se marcó un baile en la posada del señor Pastia. Se la notaba a gusto con el papel.
Don José fue encarnado por
Roberto Alagna, otro al que el papel le queda como un guante, pese a que temía un falsete en el aria de la flor. Pues no: un agudo poderoso, brillante, audible y sostenido. De lo mejorcito de una gran velada. Quizás estuvo un poco verde en la dicción, que debe mejorar ostesiblemente.
(¡Que noooooooooooo!, es que hoy es el Día de los Inocentes en Singapur)Dando réplica a la pareja protagonista,
Anita Hartig nos regaló una Micaela de buen nivel, una actuación vocal notabilísima, sin grandes problemas en su gran aria (aunque algún agudo rondó el chillido), bonita voz, perfectamente audible y bien empastada con su ex.
No se puede decir lo mismo de Escamillo, en teoría
Ludovic Tezier, tan decepcionante que me entraron dudas de que realmente fuera él. Estaba un poco lejos del escenario y la vista ya no me da para más pero si era él ha perdido voz en la misma proporción en que ha ganado peso. Si se le hubiera escuchado la voz igual podría salir de dudas. Agoté todas las posibilidades de indagación: sin embargo, en el teatro no dan una triste hoja con la información básica y los asistentes hablaban un idioma extraño del que es imposible entender nada. Así que me quedo con las dudas. De lo que no tengo duda es de que así no se puede triunfar en la feria de Granada.
Los secundarios amigos de Carmen estuvieron muy bien, tanto en el "zapateado" de la taberna como en el fabuloso quinteto (mejor la "segunda vuelta" que el inicio) o en el trío de las cartas.
La puesta en escena era de Zefirelli pero el día que la creó se levantó con el pie izquierdo. Más que Sevilla parecía el desierto del Gobi (don Tito) y la taberna incumplía más normas de ocupación que el Madrid Arena. Bien resuelta, no obstante, la huida de Carmen. En el tercer acto empezó a nevar

y la cosa mejoró en el último acto con la plaza de toros al fondo, fea pero al uso de la época. Recordemos que casi todas las que vemos ahora son del siglo XX.
La orquesta estuvo sobresaliente, los platillos sonaron lo justo y necesario; aunque para mi gusto tanto la obertura como en tercer entreacto se interpretaron demasiado deprisa.
Por cierto, ¡qué poco tose el público! Sólo unos minutos de crisis.