Le Gouverneur escribió:
Puede que me equivoque, pero me ha dado la sensación de que muchos aficionados que disfrutan de Wagner pero que tienen su compositor favorito en Verdi u en otro de importancia, ven con mucho recelo la importancia de Wagner en otras facetas operísticas, como si ese añadido pusiera en peligro sus tronos particulares.
Suscribo la impresión y añado: Wagner, para bien o para mal, es algo más que un simple compositor (por mucho que sus escritos teóricos --la mayoría de ellos farragosos, retóricos, y algunos incluso insustanciales-- tengan menos importancia que sus composiciones musicales). Pero ha de tenerse en cuenta que, sin ellos, éstas no serían las mismas, pues son la puesta en práctica de aquellos. Luego encierran más trascendencia de la que suele dárseles..
Le Gouverneur escribió:
Parsifal es un libreto maravilloso, me gustaría un día en persona comentárselo personalmente a Hagen con tiempo pero voy a tratar de hacer unas pequeñas conclusiones [...]. Sobre los votos, creo que aplicado el objetivismo del que tanto habla el Nibelungo habría que votar a Parsifal, Anillo y Tristán. (Aunque el propio Nibelungo ha votado al Holandés)
¿Por ese orden, en su opinión, o es un tanto igual?
Verá, Gouverneur: si no puse
Parsifal entre las tres primeras fue porque considero que se trata de un cúmulo de repeticiones de hallazgos --y conste que no deseo que esto se entienda en sentido peyorativo-- que Wagner ya había logrado en obras anteriores (sólo que con significados algo cambiados, en función de la evolución ideológico-estética que el de Leipzig había sufrido hacia el final de su vida). Evolución que, por cierto, irritó sobremanera a Nietzsche, por su escoramiento clarísimo hacia la espiritualidad cristiana. Si se fija bien Gouver, todos los elementos que usted ha ido citando para destacar la valía de esta obra maestra --que yo reconozco y admiro también (aunque no esté entre mis preferidas)-- son hallazgos que Wagner ya había encontrado en obras anteriores de manera y con elementos distintos. Veámoslo:
1º) La temática: el mito, el símbolo, la fábula como bases para la construcción del drama musical ya se encuentra, de manera paradigmática, en la
Tetralogía (que es, de hecho, el ejemplo máximo de la utilización de la mitología como motivo argumental). Sólo que aquí es predominantemente pagano (aunque no sólo), en vez de cristiano (que no sólo también, pues ahí están Klingsor --trasunto de Alberich-- y Kundry, interesantísimo personaje).
2º) El esquema: Wagner solía tardar tiempo en pergeñar sus óperas (eso es bien sabido). A este respecto, si empleó tantos años en hacerlo con
Parsifal, ¿qué no pasó con
El Anillo, una obra cuya gestación se alargó durante más de 25 años (desde aquél lejano ensayo sobre
Los Wibelungos, publicado en 1848, hasta el estreno del primer ciclo en Bayreuth de 1876)? Por otro lado, el proceso de síntesis realizado --y de readaptación del libreto a los principios filosóficos que en cada momento profesó (primero Feuerbach, luego Schopenhauer, etc.)-- fue aún mayor, si cabe, durante la elaboración de la
Tetralogía, que en el caso de
Parsifal, pero por una simple cuestión de la cantidad de material que hubo de manejar en cada caso. Así es que aquí tampoco hubo mayor originalidad al elaborar la última obra musical de su vida.
3º) Novedades conceptuales: le digo lo mismo que antes. En el caso concreto de la "compasión" es un sentimiento que está íntimamente unido con un principio (el de la redención) que siempre interesó a Wagner desde la composición de
El Holándes. ¿Por qué decide morir Senta (suicidarse, en realidad), sino para "redimir" al trágico marino? ¿Y Brunilda, gracias a cuya inmolación el "nuevo" mundo de los hombres se puede salvar y renacer?(*) El sacrificio de ambas (mujeres las dos, además) se realiza por amor y por compasión, creo que de eso no hay duda... Tampoco aquí tenemos originalidad en
Parsifal, salvo si la buscamos en el nuevo modo (místico y cristiano) en que Wagner planteó un viejo tema que ya había tratado antes (desde un punto de vista más "dionisíaco", podríamos decir haciendo un guiño a Nietzsche).
4º) Composición de personajes: creo que más que
Parsifal es la
Tetralogía el paradigma de la síntesis a la hora de crear personajes. Para empezar tiene muchos más. Pero es que el modo en que fusiona y reinterpreta el material mitológico escandinavo de los
Eddas y de otros relatos mitológicos con el del cantar de gesta alemán, para dar como resultado un producto que fuera capaz de resumir y exponer sus pensamientos sobre una serie de problemas universales (la maldad, el amor, la pureza, el heroísmo, la libertad, la predestinación, etc.), adaptándolo a unos esquemas filosóficos concretos (el optimismo descreído y materialista de Feuerbach, el pesimismo idealista de Schopenhauer) es un ejemplo paradigmático de la importancia que tiene esta obra, única en toda la historia del Arte occidental (y universal, me atrevería a decir). Si se puede hablar de síntesis a la hora de unificar personajes para crear arquetipos y de resumir temas diferentes para crear uno solo, entonces deberemos poner, por encima de cualquier otra de sus obras, la
Tetralogía.5º) El texto: también en este caso vuelve a ser la
Tetralogía la obra más innovadora, por haber sido en ella donde Wagner hizo algo que luego repetiría en
Parsifal. Es bien conocido que nuestro compositor escribió su libreto utilizando un lenguaje que imitaba la antigua lengua sajona y una rima que emulaba la propia de la poesía escáldica y de los cantares de gesta (con un verso aliterado muy característico). Por otro lado, el uso de neologismos --algunos de las cuales fueron motivo de burla y escarnio contra Wagner por sus opositores (por ejemplo el famoso
"¡weia, waga, wagala weia, wallala weiala weia!" que cantan las hijas del Rin)--, así como el empleo de rudimentarias y peculiares soluciones fonéticas y etimológicas que fueron el hazmerreír de los filólogos del momento --por ejemplo la solución que buscó para hacer descender a los Hohenstaufen de los antiguos nibelungos, pasando por los gibelinos (reflejada en su estudio
Los Wibelungos)--, muestran un interés "arqueologizante" por parte de Wagner que no se volvería a dar de igual modo y con semejante intensidad en otras obras posteriores. Todo esto lo estudió muy detalladamente Ángel Fernando Mayo, y escribió sobre ello con el gracejo (y la mala leche) que le eran propias.
Digamos, para resumir (y no seguir dando el coñazo), que
Parsifal viene a ser como una especie de síntesis de todo lo que Wagner había hecho a lo largo de su fructífera y trascendental carrera...
Pero vamos: aunque mi selección de tres títulos pretendía ser lo más objetiva posible --basada en criterios de trascendencia de las obras--, y pese a reconocer que da la casualidad de que me gustan más precisamente aquellas óperas que fueron construyendo escalones decisivos en la trayectoria artística wagneriana, es indudable que el factor "subjetivismo" juega un papel de primer orden en este tipo de nominaciones... Así es que parece normal que a cada uno de nosotros nos resulten importantes unas obras sobre las restantes.
Un saludete
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(*) Aunque en este punto, y siguiendo al compositor Christopher Rouse, siempre me he preguntado si el mundo posterior al
Ragnarök que nos deja intuir Wagner habría sido tan puro y exclusivo de los hombres como se quiere hacer creer. Y lo pregunto porque no sé si se habrán percatado de que el único superviviente del "viejo mundo" es Alberich, precisamente el desencadenante de todo lo que ocurre antes de que llegue el ocaso final. Rousse --en su obra
Der Gerettete Alberich-- se preguntaba (y yo con él): ¿qué fue de Alberich? ¿Qué nuevas maldades podrían esperarse de él? ¿O acaso se iba a quedar encerrado en su cueva, por los siglos de los siglos, sin intentar recuperar lo que un día fue suyo? ¿No podríamos proponer, siguiendo lecturas políticas de la
Tetralogía (como la realizada por Bernard Shaw), que Alberich (es decir, yo "bisbo") estaría detrás de los banqueros y de los políticos que nos han metido en esta terrible crisis? Pero qué malo, qué malo soy... ¡¡Muahhhahhhhhhhhh!!
Es lo que tienen las obras de base tan mitológica como ésta: que pueden sufrir interpretaciones de todo tipo (incluso realizadas por desalmados como los nazis)
