Estilo, intenciones, acentos, técnica, legato.... Por supuesto que son esenciales en Verdi y en lo que no es Verdi. Cierto es que Juan Jesús Rodríguez resulta aburrido, monótono, falto de variedad en el fraseo, de matices, de constrastes dinámicos y el papel de Rigoletto tiene una suprema enjundia vocal e interpretativa fuera de su alcance (al menos, actualmente) pero la voz es de mucha calidad y ya se pudo comprobar la primera vez que le escuché en vivo, en la que fué su primera intervención de cierta importancia: Albert en los actos tercero y cuarto de Werther que el Maestro Kraus interpretó en el Teatro de La Zarzuela en 1996 conmemorando los 40 años de su debut en dicho teatro.
Pero claro, algunos no comulgamos con el actual desprecio de los quilates del instrumento vocal (análogo, en cierto modo, e igual de errado, al que se predica respecto a la memoria en el mundo de la enseñanza) y, especialmente, de la calidad del sonido que se produce en un teatro. Todo ello al socaire de intentar defender que voces como las de Hampson, Tézier o Keenlynside puedan brillar en Rigoletto, Macbeth, Carlo Quinto o Posa. Mai!, Nein, Niet
Vamos que ninguno de estos señores son Fischer Dieskau para aceptar pulpo como animal de compañía.
Recientemente he vuelto a escuchar al barítono francés Tézier como Posa en el Regio de Turín. Lo siento y aunque es un papel que le va más que otros del genio de Busetto, no sólo no alcanza el mínimo de metal, robustez, riqueza armónica y potencia que requiere Verdi, es que el timbre es ingrato con ganas, no tiene esmalte, resulta seco, desempastado, pobretón y sin extremos. Los agudos capados y aunque posee cierta nobleza y elegancia y es capaz de cantar de una sola respiración "Io morrò ma lieto in core che potei così serbar" el legato no es que sea deslumbrante y la falta de paleta de colores es total. En resumen, que también me aburre, pero prefiero al que me aburre con voz.
Total que la confrontación entre material (siempre que se llegue al mínimo exigible, claro) y estilo de canto, la acepto, por ejemplo, entre Guelfi o Carroli (vozacas enormes en poder de intérpretes poco imaginativos, graníticos, cuando no rudos) y Bruson, prodigio del legato, los acentos, las smorzature, la clase como fraseador, los contrastes forte-piano y con una voz justa de volumen y sin brillantez en los extremos, sí, pero bellísima, esmaltada, con grano, redondez, velluto y empaste en el centro.
Si el debate es para colar como Verdianos a los Hampson, Tézier y demás voces? de tercera división con aire intelectual y ceño fruncido, naranjas de la china. No entran en ningún debate por incapacidad manifiesta.
