Le Gouverneur escribió:
Wagner pudo evolucinar el concepto total de la ópera y la importancia de la puesta en escena. Pero en su vida, en su tiempo, no hubiese entendido propuestas renovadoras. Lo que sí buscó es el espectáculo y la recreación de momentos que sorprendieran al público, en el estreno en Munich de Die Walküre mucha gente lo pasó mal por el exceso de fuego en escena.
Hombre... Pues no crea que estoy yo muy seguro de que Wagner hubiera aceptado esas "propuestas renovadoras", incluso aunque hubiera vivido en nuestro tiempo. Pero no por cabezonería o por "provincianismo" --mal del que parece estar acusándonos siempre a algunos el amigo Zacarías--, sino por la sencilla razón de que él deseaba mostrar al mundo "su"
Tetralogía, no la de cualquier director de escena. Es decir: no creo que, aun habiendo sido la persona más receptiva y abierta de su época (y no debió de serlo poco, por cierto), hubiera aceptado enmiendas (o lecturas paralelas) como las que introducen determinados
regisseurs en sus óperas. Pero bueno...
Le Gouverneur escribió:
De todas maneras, hubo varias discusiones de este tipo entre Wagner y Fricke y al finalizar el anillo Wagner entró en una depresión escénica, le dio la razón a Fricke en muchas cosas y dijo que para la próxima vez había que cambiarlo todo.
En ese momento quizás hubiese estado más receptivo para los postulados de Appia que no llegó a conocer.
Esto es, precisamente, lo que yo he leído más a menudo: la insatisfacción de Wagner con el montaje de la primera
Tetralogía (sobre todo al nivel de lo actoral por parte de los cantantes). Es cierto que, dado la época en que se llevó a cabo la producción, el de Leipzig no podía ser sino claramente partidario de ese naturalismo que luego Cósima mantendría, fosilizándolo, hasta la saciedad. Pero también lo es que estaba bastante más abierto a nuevas propuestas de lo que lo estuvieron sus primeros continuadores (como usted mismo ha señalado muy documentadamente). En este sentido, y ya que menciona a Appia de nuevo --no sé qué pensará al respecto--, pero tengo para mí que si Wagner hubiera conocido las propuestas escénicas del suizo es muy posible que no le hubieran parecido tan mal, sobre todo porque venían a recuperar (o emular) ese supuesto "espíritu sencillo" del antiguo teatro clásico grecorromano --cuya
sui generis interpretación sirvió de base teórica e ideal para Wagner a la hora de elaborar su teoría sobre el drama musical y la obra de arte total--, con esa imposición de modelos de abstracción mitologizante apoyados en estilizados decorados. El tema de lo juegos de luces --tan fundamental en Appia-- ya habría sido más complejo de aplicar, desde luego, dadas las limitaciones técnicas propias de la época de Wagner. Por ello me parece un acierto total que los nietos de Wagner --especialmente Wieland-- hicieran suyas las propuestas de Appia y las llevaran hasta sus últimas consecuencias, creando un universo escénico que, creo, sintoniza a la perfección con el universo mitológico levantado por su genial abuelo (o, al menos, es respetuoso con él y no desentona).