¡¡Por Wotan (que es como decir "Por mi enemigo"!!). ¡Qué cantidad de cosas interesantísimas se han dicho y escrito aquí desde mi última intervención... A ver si estamos a la altura, aunque el tema se las trae, desde luego.
Ya sabía yo que esa respuesta mía al noveno punto del "decálogo" explanado por Le Gouverneur iba a ocasionar alguna discrepancia (por decirlo suavemente)

. Y no es que falten razones, lo reconozco, porque la exposición ha quedado un poco chapucera y, sobre todo, escasamente argumentada (por mor de la brevedad). Vamos, parece que estuviera redactada a vuelapluma y de manera un tanto improvisada... Pienso, incluso, que quizá no debía haberla publicado, porque el tema que se aborda en ella es tan complejo y delicado y ha dado lugar a tal cantidad de literatura especializada, que requiere de una profunda argumentación que ahora mismo --por falta de tiempo y ganas-- no creo estar en condiciones de dar. Me gustaría, no obstante, fijar algunos conceptos concretos para ver si así se entiende un poco mejor lo que he querido decir. Quizá termine utilizando, para ello, parte del texto de una entrada que había pensado publicar sobre el tema en mi blog (cosa que, al final, he ido posponiendo indefinidamente, pues sabía de antemano la polvareda que levanta siempre esta cuestión, y como no soy un individuo especialmente polemista pues se me quitan un poco las ganas).
Pero antes de empezar, amigo Sutherliano --y hago extensible el mismo ruego a todos los que piensen como él-- le pediría que, con sus objeciones, no se quede en el efectismo fácil de responderme citando trozos de mis frases fuera de contexto, para contraponerlas a nóminas de artistas bien conocidos (y respetados) por todos. Y ello, por la sencilla razón de que yo no he dado nombres propios de ninguna clase --sólo he hablado en términos generales-- y porque, además, lo he hecho tomando como punto de referencia dos premisas muy concretas que considero importantes para saber de qué hablamos (y que ustedes, lógicamente, no tenían por qué conocer). A propósito: no hace falta decir, a este respecto, que si no se está de acuerdo con ellas --al menos en parte de sus enunciados--, entonces difícilmente podré llegar yo con mi interlocutor a consenso alguno (lo cual no quiere decir que discutamos, claro está

). Pero paso a desgranarlas:
1ª) El Arte, por subjetivo que pueda ser, necesita de unas reglas para realizarse y ha de cumplir con ciertas condiciones limitadoras para que la obra artística pueda llegar a la mayor cantidad de público posible. Quiero decir: ha de ser fundamentalmente clarificador y democrático (permítanme esta última expresión un tanto
sui generis, pero que todo el mundo entenderá). Cuanto más críptico y esotérico sea --es decir, cuantos más exegetas necesite para ser interpretado o decodificado-- más lejos estará del público receptor y cumplirá peor su objetivo último y más trascendente (que es el de producir emociones y deleitar). Por otro lado, si no se cumplen estas condiciones, ¿qué diferenciaría a una obra de arte --caracterizada por la voluntariedad del artista-- de la belleza (o fealdad) casuística y arbitraria que nos proporciona la Naturaleza, por ejemplo? En función de todos estos elementos el Arte es, por ende, medible y objetivable.
2ª) El Arte, al igual que cualquier otro campo del saber humano, ha experimentado una evolución, un perfeccionamiento y una reelaboración continuos --yo no creo en "degeneraciones"--, nutriéndose de las experiencias previas y avanzando hacia adelante a partir de éstas. Hay que ser, por tanto, un poco "biologicista" (o, por mejor, decir "evolucionista") a la hora de explicar su historia. Esta circunstancia, por otra parte, permite establecer comparaciones entre diferentes épocas o períodos artísticos. Y si a todo ello le añadimos lo dicho en el punto anterior, llegaremos a la conclusión de que no todo vale en el Arte (o no todo debería de valer, según mi modesta opinión). Sé que esta última idea también es muy polémica y discutible, pues cierra (o, al menos, limita) el camino a la posibilidad de ese relativismo al que aludía Le Gouverneur. Pero es que yo no creo que todo el campo sea orégano en el Arte...
Para finalizar me gustaría añadir tres precisiones, contestando a sus reproches concretos:
1º) Si comparamos a Velázquez con su suegro Pedro Pacheco y llegamos a la conclusión de que el primero fue muy superior al segundo como artista y pintor --y en eso creo que todos estaríamos de acuerdo--, no sé por qué razón no podemos también decir que Picasso, Cézanne, Kandinsky o Borromini (¿se refiere usted al arquitecto barroco italiano Francesco Borromini, o a algún artista contemporáneo de igual apellido que no tengo el gusto de conocer?) son inferiores al propio Velázquez o a otros artistas que les antecedieron. Pero inferiores no
per se, sino por toda una serie de razones medibles de manera objetiva (trascendencia de su obra para la historia del arte, aportaciones realizadas al mismo, talento, dominio técnico, impacto sobre las generaciones futuras, etc.). Por cierto, que el término "enano" o "inferior" no implica, necesariamente, que esos artistas sean malos o que deban gustarnos menos (faltaría más). De todas formas me gustaría precisar que mi menor aprecio hacia la mayoría de los artistas contemporáneos viene dado, sobre todo, porque a la hora de buscar fórmulas para llevar adelante su disciplina artística optaron siempre por lo que yo considero el camino más fácil. Ya saben: la disgregación, el abandono del formalismo, la "encriptación" e "intelectualización" del Arte, etc. Y es esa falta de imaginación, de capacidad para hacer algo nuevo y verdaderamente original sin necesidad de convertir el Arte en un libro de hermetismo cabalístico --falta de imaginación de la que también carecen los actuales directores de escena-- la que a mí me parece reprochable. No el hecho de innovar o cruzar fronteras para superar a nuestros antecesores en cualquier disciplina (pero haciéndolo de manera inteligente). Ahora bien, dicho esto entiendo que en esta especie de criba
sui generis que hago el subjetivismo y los gustos personales interfieren demasiado, de modo que lo dejo ahí...
2º) Me reafirmo, igualmente, en la idea de que los siglos XVI y XVII constituyen el período de máximo apogeo de la Pintura (al menos en Occidente, pues si introdujéramos aquí el factor Japón y otros países orientales, seguramente tendríamos que cambiar ese criterio, pues estaríamos entrando en un universo completamente distinto). El Barroco, insisto, es aquél período en el que objetivamente --repito: objetivamente-- dicho Arte alcanza su máxima perfección técnica, formal y teórica, y en el que la disciplina llega a su apogeo. A partir de ahí, todo lo que se ha ido haciendo (para bien o para mal) ha sido partiendo de lo alcanzado en esas dos centurias, que vienen a ser como la cima de una evolución, más o menos continua, iniciada en el Magdaleniense.
3º) En cuanto a los movimientos pictóricos contemporáneos yo no he dicho que fueran "porquería", como usted ha señalado. Simplemente me he limitado a recordar cuál fue la vía que tomaron sus practicantes e impulsores para llegar a ellos. De hecho, le confesaré que uno de mis artistas plásticos favoritos es Egon Schiele (por supuesto, también Klimt) y que, en general, me parecen muy interesantes y estéticas casi todas las corrientes contemporáneas de la Pintura.
Por último añadiré que el ejemplo de Mozart que pone usted no me vale, por cuanto el momento álgido en la evolución de la música/ópera no se produjo --y en esto creo que todos estaremos más o menos de acuerdo-- hasta algunos años después de vivir el genio de Salzburgo. Concretamente en el Romanticismo.
Quizá continúe (si me veo con fuerzas).