Carl Tunner escribió:
El error de siempre y sobre esto se ha hablado muchísimo en el foro. Lo esencial de la ópera es la música, el canto, las voces, porque sin ellas no puede haber ópera. Sin escena, sí ¿O es que cuando escucha una ópera en CD en su casa no está oyendo ópera, qué es, un espectáculo del platanito? Qué dice? Estoy escuchando un engendro que no sé que es?
También es ópera las versiones en concierto, obviamente, que muchas veces son los éxitos de la temporada y hasta un defensor de la escena "a tout court" y del Konzept como el amigo Gouverneur, confiesa que una ópera en concierto, es la mejor interpretación que ha visto últimamente. Podríamos decir eso de una ópera con teatro, pero sin canto, ni voces, ni música?. Evidentemente, no.
Insisto: esperen a Enero en el Liceo y verán si la Rusalka con la producción del aclamado Herheim y la protagonista retratada como una lumis supera en éxito "Il Pirata" en concierto con Devia y Kunde y luego me cuenta que eso no es ópera.
Y sí, prefiero una producción que no me moleste y que se instale en esa plácida "mediocridad" que usted dice, porque, mientras el apartado musical y el canoro sea brillante, sé que no me fastidiará la función y disfrutaré como un enano. Si sucede al contrario, llego a casa con un cabreo inenarrable.
Sobre si lo esencial en la ópera es la música o el texto se ha escrito como usted bien sabe una ópera que encima es una obra maestra impresionante, Capriccio, y la conclusión, ya sabe también, es que palabra y música son inextricables una de otra. No estoy de acuerdo por tanto en esa posición tan unilateral, de que lo más importante en la ópera hasta el extremo de reducir todo lo demás a la irrelevancia sean las voces. Los grandes compositores de ópera se han esforzado por componer en función de un texto y de una situación dramática, han escrito su música pensando en función de esa escena que estaba representándose, no al margen ni con desprecio de la escena sino considerándola como algo absolutamente esencial para su obra. Cuantas veces leemos sobre el bloqueo de los más grandes compositores hasta que lograban encontrar un libreto y un drama que se ajustase a su imaginación y sus necesidades creativas.
Yo creo que el auge de las versiones de concierto, razones económicas aparte, radica en el disgusto ante determinadas tendencias escénicas, así se ha dicho sobre el ciclo Wagner que está haciendo Janowski en Berlín. Pero la respuesta al mal teatro no puede ser prescindir del teatro, sino luchar por un buen teatro.
Dice usted si el disco no es ópera. Monteverdi, Mozart, Verdi, Puccini, añada a esta lista todos los demás pilares del repertorio hasta tiempos muy recientes, no escribieron para el disco ni para la radio sino para el teatro. En sentido estricto, la ópera es lo que se experimenta en vivo en el teatro, en una función escenificada. Lo demás son sucedáneos (la ópera en versión de concierto) o posibilidades que nos brinda la tecnología. Perfectamente legítimos y disfrutables, pero no son the real thing.
Lo que creo que escribió Gouverneur (con el que estoy de acuerdo diría que al 100%) es que una buena versión de concierto puede ser mejor que una mala función escenificada. Y en eso estoy plenamente de acuerdo. Algunos de los mayores cabreos, decepciones y sofocos que me he llevado en el teatro ha sido por culpa de la puesta en escena, como cualquier aficionado. Pero una mala puesta en escena puede estropearte la función exactamente igual que un mal cantante o un mal maestro, lo que sucede es que por lo que sea, a las voces ya vamos con el listón más bajo y las aberraciones escénicas nos molestan más. Pero vamos, le aseguro que de la Forza última del Liceo yo me fui a casa con disgusto, y no principalmente por la (anodina) puesta en escena.
¿Clamores populares? Es un argumento peligroso. Tendría entonces usted que aceptar también los éxitos de Jaroussky como prueba de su valía canora, y no, no quiero reabrir ahora ese tema.
Pero fíjese, el año pasado en la Staatsoper de Viena uno de los grandes éxitos de público, con las localidades agotadas, fue el (para mí horripilante) Don Carlos de Konwitschny. Y no, no había grandes estrellas en el reparto. Era que la gente quería volver a ver la producción.
Total, que para gustos los colores.