El hecho es que no sabemos a ciencia cierta, ni podremos saber nunca, como era el canto de Rubini, más allá de saber que, como el resto de contemporáneos, usaba el falsettone para emitir las notas altas.
Por supuesto, es perfectamente posible, incluso probable, que fuera algo similar a lo que, un siglo después, y por parte de tenores entrenados en otra escuela de canto, emitían Gigli o Rosvaenge. O tal vez nuestro amigo David Devriès, del que hace un tiempo opinábamos sobre su grabación de "La Dame Blanche".
También es posible que no sea exactamente así. A la espera de que podamos perfeccionar la máquina aquella que nos permitía extraer las voces del pasado de la madera de la Scala, es un debate imposible de zanjar.
Pero volviendo a hechos objetivos, la voz del señor Jaroussky, y de otros contratenores, se puede escuchar sin dificultad en teatros como el Real. Las de otros compañeros de profesión, con mucha más dificultad. Como ocurre en otras cuerdas, sin duda.
Ahora bien, ¿tan difícil es entender que el "sonido pleno, bello, compacto y de calidad", más allá de la proyección y los decibelios, es una opción estética?. Exactamente igual que la del "biancastro, feble, deshilachado, árido y abierto". O que, de la misma manera que es innegable que el el público empezó a exigir la voz plena y a no admitir ni el falsete ni sus derivados en el siglo XIX, el público (y los músicos) del siglo XXI no tiene porque compartir esos mismos criterios... La "evolución" de 1840, no implica que se parara el mundo, y no existan otras "evoluciones" en 2010. A veces me sorprende que no se comprenda un hecho tan sencillo, más allá de gustos personales. El público de 1840 desertó del falsettone. Al público de 2010 le gusta la emisión falsetística del contratenor.
Los contratenores en musica Barroca (y no dígamos en el repertorio contemporáneo escrito para ellos) no son un invento exótico y en las fronteras de la Opera. Son parte integrante del mainstream operístico del siglo XXI. Y lo seguirán siendo en el futuro previsible. Tal vez, hasta la siguiente "evolución".

En cuanto a la aproximación que ofrecen a un timbre inusual, que es perfectamente asimilable a las intenciones estílisticas con que se planteaban muchos papeles de castrati, y que les hace tan adecuados a esos papeles, me parece que es igualmente obvio. Aunque, efectivamente, el timbre final logrado podamos sospechar, aunque no demostrar, que es muy distinto del castrato real.
Como sugería el señor Gouverneur, para salir de dudas, y entre
miles de niños dotados para el canto y con excelente formación musical, empecemos a practicar castraciones masivas y entonces, en unos cuantos años.... Perdón, que pierdo el Norte.