Bueno, dejé un comentario antes de marcharme y veo que ha provocado un animado debate.
A mí tampoco me consta lo de los paneles esos, pero, además de la repetición de tomas que expresa D. Gino, quizás aún en 1972 no, pero hoy día con la sofisticación tecnológica a que se ha llegado, yo puedo parecer Corelli en una grabación de estudio convenientemente manipulada y creo, que esto se estudia hasta en los conservatorios.
Independientemente que Joan Sutherland con su suprema técnica (algo que no tuvo nunca la Ricciarelli)y sabiduría (aún menos tuvo la guapísima soprano de Rovigo) podría haber cantado alguna función en vivo, en algún teatro muy adecuado, son su marido en el podio sonteniéndola y tal. Si bien como pudimos escucharle y leerle al Maestro Patrón Marchand (q.e.p.d) los vetereanos de HO (Don Gino, incluido) que la proyección de Dame Joan en vivo no era tanta como se podría pensar.
Por encima de todo ello, la escritura del papel de Turandot, cortante y angulosa con una orquestación exuberante, nunca será adecuada para una cantante que ha hecho su bandera del legato, el mecanismo para la agilidad, los presupuestos del belcanto. Lo mismo resulta aplicable a Caballé (Liù de absoluta referencia), que encima, fué tan temeraria de cantarla en vivo. A ver si Dame Joan no cantó la Elisabetta del Devereux y vamos a empujarla a ser Turandot. Tampoco resulta creíble ni como princesa cruel (gélida, sí, pero también ha de ser cruel, de ahí esa escritura cortante, con terribles ascensos "a distacco") ni el paso a la vulnerabilidad al enamorarse del principe ignoto, que le lleva, según pretendía Puccini (los directores de escena como la Espert pretenden otras cosas) a la redención por el amor, tema habitual en Wagner y que el genio de Lucca quiso tratar en esta su obra póstuma.
Apuesto lo que haga falta a que los does agudos con orquesta y coro en forte después de la escena de los enigmas, que están escritos así oigan, no le serían escuchados en ningún teatro. Yo sólo se los he oído en vivo (y unas décimas de segundo, tampoco mucho más) a la Eaglen y la Gule.
No hay problema en que sea una incursión discográfica, hay algunas que me chiflan (como el Arnoldo de Pavarotti, la Nedda y la Carmen de la Callas o el mismo Tristán de Domingo que me parece tiene puntos de interés), aunque mi principio general es que la verdad está en teatro y que las creaciones de disco deben tener su plasmación en teatro. Desde luego que Dame Joan tenía todo el derecho de grabar lo que quisiera, pero mientras la escucho como Turandot tengo siempre la sensación de no creerme nada, de que está fuera de juego, de que lo suyo no es eso, que eso no es su mundo. Lo mismo me pasa con los fragmentos en vídeo que tiene cantando Tosca.