Totalmente de acuerdo, Le Gou, qué buena aportación
Y dices una cosa que he podido comprobar siempre. Cuando la puesta en escena es extraordinaria y todo encaja sobre el escenario, la gente sale del teatro sin poder evitar hablar y hablar sobre la ópera. El impacto de
Kat'a Kabanova en Madrid no lo ha tenido ninguna otra ópera estos años, y se debe precisamente a eso, a un conjunto brillante (soprano y orquesta) sostenido por una puesta en escena abstracta que subrayaba brillantemente el drama y la música. Y muchos amigos me siguen hablando de esa Kat'a, años depués, y nadie ya me recuerda el Rigoletto de Nucci o el Simon de Domingo.
Warlikowski, Herheim y Tcherniakov son tres genios de la nueva generación que conocen al milímetro la ópera con la que trabajan y que pueden tener una mala propuesta, pero cuando aciertan sales del teatro flotando, sin poder parar de pensar en lo que has visto, emocionado y
cambiado.
Decker, Sellars, Carsen, McVicar, Py, Loy, Bieito, Konwitschny, Alden, Pountney, Lenhoff, Chereau, Vick, Guth, Kusej... Excelso se queda corto!
Y por cierto, siempre se acusa al mal llamado konzept de fastidiar noches y de hacer que la gente cierre los ojos. No quiero ni contarles la de noches que me han fastidiado a mí puestas en escena supuestamente literales, cuya mediocridad y falta de ambición es el mayor insulto que se puede hacer a las obras maestras que escenifican (el Simon de G. del Monaco, todo lo que he visto de Pizzi, el Ballo del Real, el Orlando de Pierre Audi o, en menor medida, la Traviata de Cavani).