Creo que el nivel de la cuerda es bajísimo. He votado exiguo. Lo más grave es que la propia definición de qué es ser barítono está hecha trizas, sin ningún referente en activo.
Keenlyside todavía canta muy bien, pero ya está muy desgastado, ha sido enorme, pero sirve para valorar los 90 y los 2000, no los 2010-12. Hampson fue un cantante muy interesante, pero hoy está acabado. Entre los jóvenes, Finley y Gerhaher me entusiasman, el primero más completo (aunque de técnica heterodoxa) y el segundo de repertorio operístico muy limitado. Kweicen para repertorio eslavo y Naouri para Barroco y algún papel que domina (uno de los mejores Golaud ever, también me gustó mucho el Escamillo), completan la pequeña lista. Pisaroni muy bueno en Mozart. Y ya. Tézier canta bien pero es un canto monótono, complaciente y aburrido. Álvarez creo que ya pasó su brillante momento, pero habrá que ver si hay verdadera recuperación. En su equivocada estela, Juan Jesús Rodríguez tiene una joya de voz, pero como cantante es muy decepcionante. Lucic no canta mal, pero está en un nivel mediocre. A Degout tengo que escucharlo más, me habéis hablado muy bien.
Salvo
Finley, que ha hecho creaciones inolvidables en óperas contemporáneas (Joffré, Oppenheimer) y otras brillantes actuaciones en el repertorio (Conde Almaviva, tengo ganas de escuchar el Sachs y el Tell...), ninguno de esta generación me parece (todavía) histórico. Tal vez él podría ser la enseña de su generación, ya veremos. Pero él se define a sí mismo como bajo-barítono, si eso no es crisis existencial de la cuerda...
No sólo es en el repertorio romántico italiano, por desgracia. Es una cuestión técnica. El panorama es muy malo, en comparación con cualquier época del siglo XX y con cualquier otra cuerda de canto operístico (salvando la de bajos), y creo que hay pocos argumentos para rebatirlo.