
Ante tanto testigo, da un poco de cosa añadir una su versión de los hechos, pero en fin, aquí va:
Acabo de buscarlo en el diccionario de la RAE y "engallitar" no existe... quería usar este término para explicar lo que me transmitió Giordani... pero en fin, lo explicaré con otras palabras existentes (espero)... Cantó como un gallo en un corral, muy chulito él, el cuello bien estirado y, si se tercia, se pone uno de puntillas. Todo para parecer el más alto y el más guapo del corral, pero lo malo es que por mucho que "engallites" aquí lo importante es el plumaje, y lo tiene un poco deslucido. Por ejemplo, en el Celeste Aida daba la sensación que no había calentado, así que lo cantó como un elefante en una cacharrería, a lo largo de la ópera lanzó algún pepinazo estupendo y, al final, se quedó sin voz...
El rey Palatchi no me gustó. Muy bien el sacerdote de Kowaljow y a destacar la breve intervención del mensajero Fadó.
La diva Komlosi (que no es sustitución de última hora puesto que ya estaba prevista, creo, para el segundo reparto) fue de menos a más, pero aún así su canto es áspero (mejora en los agudos, es cierto), pero con tanto alarde sobreactuado y esa forma de cantar, llegué a pensar que en realidad estaba interpretando a la mala de 101 dálmatas y que esa voz era la que venía perfecta para el personaje... (El de Cruella, digo) y, desde luego, completamente fuera de lugar su salida a saludar tras los aplausos (idéntica oportunidad tuvo la Radvanovsky pero, por supuesto, no se le ocurrió tal cosa...).
Joan Pons empezó también "engallitado", pero tiró de oficio en el dúo con Aida y, de media, consiguió una digna interpretación.
Y, en medio de este panorama, destacando cual Everest en Montserrat... la Radvanovsky. Una estupenda Aida, sí señor, emocionante en el canto y emocionada en los aplausos... Me gustó incluso más que en las Toscas de Madrid... Es cierto que le cuesta dominar esa
vozaca, pero cuando los consigue es maravilloso...
Las coreografías muy bien, unas mejor ejecutadas que otras, pero seguro que mejoran según pasen las funciones...
La orquesta, llevada por Palumbo, muy bien en mi opinión.
Los decorados, todo un alarde de trabajo "matemático", unas escenas más conseguidas que otras, me gustó especialmente la que ilustra el juicio de Radamés (que en realidad la que está es escena es Cruella), un juego de luces impresionante, con apariencia real 3D (sin gafas ni nada). Cierto es que los movimientos de tanto personal son en plan un pasito para adelante, un pasito para detrás, no sé si podría echarle alguien una pensada y, para el siguiente repesque de los decorados darle un poco más de vidilla al asunto.
Y, para terminar, ¡pero qué bueno era Verdi, leñe!
