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A ver... si somos gráficos, vamos a ser gráficos todos: está comprobado (y no hay ningún problema por reconocerlo) que el público va a la ópera a ponerse cachondo musicalmente hablando, y esto, de la misma manera que en el sexo se traduce en un orgasmo como culminación; en el mundo musical se traduce en una respuesta tifosa más o menos desmedida, pero siempre justificada. Ahora, como todo, ya cada uno es libre de tifosear lo que considere, como considere y cuando considere. No nos tienen que gustar a todos las mismas cosas. Yo personalmente, puestos a gritar como unos histéricos, prefiero hacerlo con gente que tenga una voz en condiciones y me perfore los tímpanos con sonidos percutientes, pero además sea capaz de emitir los más delicados pianissimi (artistas de cualquier edad, no solo la señora Gruberova o el señor Nucci; sino también nuevos talentos como la señora Radvanovsky o la señora Garanca, por poner dos ejemplos) que hacerlo con gente que cobra un pastizal por cantar con una voz que alcanza para ser oída en el cuello de su camisa, y que, en busca de la perfección técnica absoluta (algo que, en mi opinión, no existe, la perfección plena jamás se puede alcanzar) acaban por convertirse en parodias de sí mismos (caso de la señora Bartoli). Chen o no (los grados de chenismo los establece en el fondo cada uno), la señora Bartoli cantaba con un mínimo de naturalidad más o menos hasta el disco dedicado a Gluck, inclusive. Luego ya, en su búsqueda de la perfección suprema la cosa fue degenerando de forma progresiva e imparable hacia unos excesos creo que poco recomendables; y en mi opinión ya no hay vuelta atrás, y ya no es ni la sombra de lo que era en el 95 (tampoco en los discos)... Pero no es ni la primera ni la última cantante de disco que existe y lo peta en las ventas...
Las patadas que le está metiendo al gran repertorio (que una señora con voz para cantar Clotilde se meta a cantar Norma y encima le riamos la gracia...) ya sería un tema para discutir en otro hilo...
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Otra cuestión es la de los contratenores. Sabrán que he consumido muchísimo barroco en directo, que me gusta el barroco, y que hay un puñado de contratenores que tienen un material interesante y cantan decorosamente (los Xavier Sabata, Christoph Dumaux, Bejun Mehta...). Pero dado el amplísimo repertorio de contratenores con voces minúsculas, y/o con timbres gallináceos que poco nada aportan, cada vez dudo más de la necesidad de la existencia de esta cuerda artificial. Si hoy no tenemos castrados, creo que lo más natural sería resolverlo con señoras. Que las hay, dedicadas al barroco o no. En su repertorio barroco son estupendas (mejor que el 85% de los contratenores) señoras como Ann Hallenberg, Sonia Prina, Marie Nicole Lemieux o Sarah Connolly. Fuera de las dedicadas expresamente al barroco, una señora como Daniela Barcellona, por ejemplo, que ha hecho poquísimo barroco, podría estar grandiosa protagonizando Haendels. Y es que cuanto más escucho el Rinaldo de Marilyn Horne, menos entiendo cómo una voz como Jaroussky puede generar ya no la misma emoción, sino el mismo interés.
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