Estuve en la función del 24 de junio, y coincido en parte con lo que han dicho algunos foreros, aunque sólo en parte.
–La
régie de
Marco Arturo Marelli no me pareció nada del otro mundo, y desde la fila 2 de la enorme platea de Bastille se ven, por desgracia, más detalles de los oportunos: los horrorosos sofás sintéticos de Mr. Tunner resultan aún peor vistos de tan cerca, etc… No es mala idea lo de los criados llevándose los muebles al principio, con Zdenka echándose las manos a la cabeza al ver que ya no hay ni siquiera dónde sentarse, pero tampoco es ninguna novedad. Me gustó esa
boiserie blanca, muy vienesa, pero ya descascarillada, imagen perfecta de la decadencia de una ciudad que se simboliza en la ruina de la familia del conde Waldner. Ya me gustó menos la "evolución" de los paneles de la boiserie hacia un cursi cielo azul con nubes… cuando precisamente la belleza de Arabella vestida de azul y con plumas de cisne es alabada por su padre, y doña Renée Fleming también nos saldrá de muñeca vestida de azul. Demasiada literalidad, y a mí las literalidades no me gustan.
El baile de los cocheros fue espantosamente vulgar, con una iluminación de discoteca de medio pelo, y con un ballet sobre el que sería mejor correr un tupido velo… aquel tiovivo de "caballitos" (??) parecía un fin de curso de academia de ballet pueblerina ¿
les petits rats de la ONP no bailan ni tan siquiera aceptablemente? El sueño de Mandryka más bien era una pesadilla, y lo de la multiplicación del mismo personaje también está muy visto; como a Tunner, tampoco me gustó. El final, con la imprescindible escalera, redimió un poco los errores anteriores.
–Sí me gustó la dirección de orquesta de
Philippe Jordan: ni plano, ni aburrido, supo sacar un sonido compacto y bello que en demasiadas ocasiones se comió viva a la Fleming.
El apartado cantantes tiene de todo. Una función irregular en lo vocal, con partes buenas y puntos negros. Empecemos de menos a más:
–
Íride Martínez fue una Fiakermilli para olvidar, directamente. Medio gramo de voz, y apuradísima en la coloratura. Y pensar que Dessay odiaba este papel, que parece escrito para ella…
–Fue una gran decepción
Renée Fleming, y precisamente en un rol que presume de pasear como "suyo". Tapada por la orquesta en numerosas ocasiones, los graves y el centro simplemente no existen. Nunca he admirado a esta cantante por sus cursilerías de
american princess –o sus "bayismos"

–, pero es que lo del otro día fue un verdadero timo. En el duo del Acto I con Zdenka (que era Julia Kleiter aquel día), doña Fleming se quedaba directamente en off. No se la oía en absoluto. Y coincido con Mr. Tunner: el agudo sigue sonando bastante bonito, y estuvo bien en la escena final, pero a costa de reservarse durante todo lo anterior. Esta señora va de primera figura y no lo es en absoluto.
–En la función del 24,
Joseph Kaiser estuvo bastante más que correcto; habré tenido más suerte que otros foreros.
–Me gustó la voz y la manera de cantar de
Julia Kleiter, a la que no vitupero tanto como hace Tunner. Y no es verdad que no se la oiga: se comió viva a la Fleming en la escena de las dos hermanas, no es por nada…
–Estupendos
Kurt Rydl y
Doris Soffel como los desvergonzados progenitores de las pobres Arabella y Zdenka. Experiencia,
savoir faire, voz, y menos humos que la Fleming, los convierten en la pareja ideal de conde y condesa Waldner en cualquier teatro que quiera programar este título como se debe. Claro que no me extraña después de oír la magnífica Herodías que nos regaló Doris Soffel en la fabulosa
Salomé del Real con Stemme.
–El mejor cantante fue, en efecto,
Michael Volle, con una voz bonita y poderosa, y con una imagen apropiada para el personaje. Expresivo y convincente en lo vocal y en lo escénico, será el Mandryka de referencia por un tiempo. Siempre me gustó este barítono como estupendo intérprete de repertorio alemán, y me reafirmo en ello.
En suma, una función irregular de un bellísimo título, aunque París siempre merece el viaje.