En general, me aburrí como una ostra en esta función de "La Clemenza di Tito". Clemenza, una de las óperas que más veces habré visto en mi vida (llevo la friolera de 9 funciones en 12 años), y una obra maestra indiscutible dentro del catálogo mozartiano. De pequeño fue un amor a primera escucha, y yo creo que aún lo sigue siendo. Se la he escuchado cantar a Murray, a Langridge, a Rey, a Groop, a Frittoli, a Martinpelto, a Naglestad, a Netrebko, a Garanca, a Kassarova, a Pregardien, a Ford... Se la he visto dirigir a Colin Davis o Fabio Biondi... El nivel está alto.
La función de hoy fue provincial y gracias, con muchos casos inaceptables.
Hubo una sorpresa agradable con Amanda Majeski, que es francamente honesta como Vitellia; mucho más que muchas colegas más famosas en un papel infernal. Pita bien por arriba, y hace trampas por abajo, pero son trampas bastante inteligentes. El resultado final es satisfactorio, y posiblemente sea una de las Vitellias más completas que haya escuchado en directo.
Kate Aldrich canta bien, emite bien, proyecta bien una voz que no es especialmente grande, conoce el estilo, y consigue un gran momento en su aria del segundo acto ("Deh, per questo istante solo"), dificilísima. Luce francamente sexy en escena en un papel masculino (curioso, nunca antes había pensado algo así) y da una buena rendición de Sesto (tampoco para robarse el show). Ahora bien, no es ni de lejos una voz para ser la figura en la que se está convirtiendo, ni mucho menos para cantar muchas cosas que al parecer canta (resulta IMPOSIBLE imaginarla en Carmen, y ya no digamos como Amneris...). Dicho esto, como Sesto, bastante bien, gracias.
Un caso semejante es Serena Malfi, un Annio muy bien cantado, en un papel que suele caer en manos de cantantes mediocres. Ahora, me cuesta pensar que esta señora, con esta voz tan impersonal y genérica (por mucho que esté bien emitida, sea de color agradable, blablabla), haya levantado una Cenerentola hace un mes en Valencia.
Lo de María Savastano como Servilia es sencillamente incomprensible: es una voz diminuta, pero diminuta de verdad (y estaba sentado en patio), que tampoco tiene el físico, ni tiene nada destacable. Dice su currículum que canta Musettas y cosas así. Será en el salón de su casa, o en la Ópera de Lilliput, que son los únicos lugares donde se la debe escuchar con propiedad. Una vergüenza. Hasta de Barbarina me costaba imaginármela. Es Chen no, lo siguiente. Conozco estudiantes de canto de 18 a 25 años con más voz, y más guapas. Es alucinante que Mortier diga que no hay cantantes en España y luego se traiga a esta mujer de Argentina, cuando se me ocurren sin pensar mucho diez Servilias mejores españolas...
Tampoco se entiende muy bien el tener que traerse de fuera a un señor mediocre como es Guido Loconsolo para hacer Publio. ¿De verdad no había ningún bajo local? No me lo creo.
Y llegamos a mi amigo Yan Beuronn. La voz ha crecido de una manera increíble, cualquiera diría que se ha metido en la marmita de la poción de Panoramix. Es más robusta, pero sigue siendo blanquita y fea. Del paso hacia arriba, la nada más absoluta, la tensión constante. Además, se prodigó en medias voces constantes que no aparecen en la partitura, y que desvirtúan el aumento de volumen...
No me gustó tampoco la dirección de Thomas Hengelbrock, que se va de pseudohistoricista con la orquesta (mira qué rápido lo hago todo), pero no cuida a los cantantes: esta noche, se le perdieron tres (Majeski, Aldrich y Beuronn) en arias importantes; en el caso del tenor, tardó casi una estrofa entera en encontrarse.
Muy bien el coro del Real, y aseada la orquesta (estupendo el solo de clarinete de "Parto, parto").
La producción de los Hermann ya la había visto en París. No aparenta el porrón de años que tiene, es sencilla pero estética y tiene un buen trabajo teatral. Ahora que la vi de cerca, me interesó el trabajo psicológico con los personajes, y la manera en la que ocasionalmente dejan de cantar para hablar algunas de las frases de recitativo de mayor peso dramático. Sigue siendo la mejor propuesta que haya visto en directo para esta ópera.
El público, gélido durante la representación, se volvió loco al terminar la función. Yo, por primera vez en mucho tiempo, me marché antes de que terminasen los aplausos. Me esperaban para cenar, y lo que estaba pasando allí dentro, la verdad ya no me interesaba mucho.
En conjunto, NO la recomendaría

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