Nunca dejaré de preguntarme de dónde sacan tiempo para escuchar semejante cantidad de óperas ...
En realidad, yo tengo una teoría. Creo que, aunque muchos comentan cosas sobre sus trabajos, becas o turnos de examen, son maniobras de distracción amparadas en el secreto informático. Juraría que no trabajan en absoluto y que disponen de todo el tiempo del mundo porque pertenecen a alguna de estas categorías:
1) Aristócratas ociosos, herederos de una fortuna considerable. Como Paris Hilton, pero en vez de ir a desfiles de modelos hacen lo que ya sabemos.
2) Desocupados. Los mantiene la pareja, la madre o una tía pensionada. Cuando estos osan quejarse, se encierran en la habitación con los auriculares puestos y dicen que están consultando las páginas de reinserción laboral de internet.
3) Presos de lujo, de esos que tienen ordenador en la celda. Seguramente cayeron por estafa reiterada y forman parte de una mafia peligrosa, así que los demás presos temen protestar cuando les toca la décimosexta versión de Sigfrido.
4) Internos de alguna institución neuropsiquiátrica. Los internaron por una severa crisis de excitación psicomotriz cuando se les quemó el rígido, lleno de versiones piratas inconseguibles. Después notaron ciertas ventajas en su posición, ya que argumentaron que escuchar ópera todo el día es terapéutico. Los médicos no están muy convencidos de los efectos benéficos de Salomé o Electra sobre el resto de los pacientes, pero no objetan demasiado, con tal de que no se escuche desde sus consultas.
Yo pude escribir largo hoy solo porque es sábado.
Baci de la humilda trabajadora,
Maddalena