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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 06 Ene 2012 9:52 
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ORFF, Carl
Estilo


Como puede apreciarse con una simple lectura de los títulos, la obra de Orff tiene un constante soporte literario. Así, tenemos las fuentes legendarias o populares de su país que inspiraron Der Mond, Die Kluge y Die Bernauerin, el vasto repertorio de la poesía medieval en Carmina Burana, la poesía contemporánea en las canciones de Werfel, la antigüedad clásica latina en los Catulli Carmina y la griega con Antígona y Edipo.

Para Orff, sus obras, más que óperas, son “una extensión del teatro en el canto”. De ahí que su música esté íntimamente relacionada con la palabra y el gesto. En el teatro de Orff las situaciones dramáticas no se caracterizan por su elevación espiritual, su sutileza psicológica o la grandeza heroica de unos sentimientos. Orff describe tipos que viven en contacto directo con los hechos fundamentales de la existencia: aman, luchan, beben, roban y rezan con simple intensidad, con un abandono absoluto de las preocupaciones de índole moral. De ahí que si el mensaje argumental es rudo e inmediato, la música encargada de arroparlo también lo sea.

Para lograr esta elementalidad primigenia, Orff volvió a los orígenes de la historia musical europea y buscó la inspiración en el sistema modal griego, el canto llano, el canto gregoriano, las canciones medievales y las danzas y cantos populares. Este primitivismo halló su manera de manifestarse en elementos tales como una tonalidad enérgica basada en una simple estructura armónica, una lucidez formal en que el material temático no se desarrollara, sino que se repitiera; una textura transparente de la que se había excluido el contrapunto; una estructura rítmica en que unos motivos fundamentales se repetían a lo largo de la obra. Esta repetición, opuesta a la variación y al desarrollo, escogió a veces breves motivos; otras, periodos; otras, movimientos enteros, y llegó a causar una impresión extraordinaria gracias a la acumulación de ostinati, a veces obsesivos.

Dos breves ejemplos en “Die Bernauerin”:
Die Bernauerin. Jenin
Die Bernauerin. Vorbuhne

Siguiendo esta línea elemental se sirvió también de ella en sus procedimientos armónicos, reducidos generalmente a la tónica y la dominante, con largos periodos en que no se observa cambio armónico de ninguna clase. Usó raramente la disonancia y cabe decir que el cromatismo es casi inexistente en toda su producción. Pero el entusiasmo vital de sus obras y su a veces desenfrenado sensualismo presentan también oscuros estratos de cultura, de relajamiento, de fatiga. Y así, junto a la bacanal de Die Kluge, las canciones tabernarias o eróticas de Carmina Burana, la orgía de El triunfo de Afrodita, o el Prólogo y otros fragmentos de Catulli Carmina, con su desenfreno sexual, surgieron páginas tan sutilmente emocionadas como la canción de cuna de Die Kluge, otras canciones de Die Bernauerin, o el gran coral del tercer acto de Catulli Carmina.

Die Kluge. Canción de cuna

En resumen, la música de Carl Orff ocupa en la historia, cuando menos, el lugar reservado a los grandes experimentos. Por sus características es probable que no tenga continuadores y que permanezca como un solitario monolito en la música del siglo XX, pero al menos habrá sido una tentativa de poner a los oyentes en contacto con fuentes de inspiración simples, elementales y directas.


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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 07 Ene 2012 9:24 
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- Ya tenemos la ficha del compositor –declaró Holmes, cerrando el libro-. Ahora hemos de introducirnos en esa ópera para saber qué ha pasado con la luna.
- Introducirnos en la ópera, dice. ¿Cómo haremos tal cosa?
- Con ayuda de alguien que haya intervenido en ella. Voy a mirar la lista de representaciones y grabaciones que ha habido.
- ¿Dónde? ¿En la Enciclopedia?
- No, hombre. Mire que es usted antiguo –dijo con sorna. Y se sacó del bolsillo un smartphone- Para eso, lo mejor es consultar una base de datos en internet.

Me quedé así: :shock:

- Aquí está –proclamó Holmes a los pocos segundos de manejar aquel ingenio-. La primera representación tuvo lugar en Munich, el 5 de febrero de 1939. Veamos los intérpretes: el tenor Julius Patzak hizo de narrador, Franz Theo Reuter (barítono), Emil Graf (barítono), Karl Ostertag (tenor) y Georg Wieter (bajo) cantaron los papeles de los cuatro amigos. Ambros Witt fue el burgomaestre. Paul Bender (bajo), San Pedro. Y dirigía Clemens Krauss, ahí es nada, a la Orquesta del Estado de Baviera.

Imagen
Clemens Krauss, Carl Orff, Rudolf Hartmann (director de escena) y Josef Kluger (director del coro)
durante los trabajos preparatorios del estreno.

En la información obtenida por Holmes figuraba junto al cast del estreno la instrumentación, que en la percusión era sencillamente asombrosa: Bombo, tambor, pandereta, triángulo, xilófono, platillos, castañuelas, tamtam, carraca, cascabeles, campanas, campanillas, cristalófono, metalófono y glockenspiel. Quedaba clara la importancia del ritmo en esta obra. Naturalmente, se requería cuerdas, maderas y viento, pero también arpa, celesta, piano, armonio, acordeón, cítara… Tenía que sonar muy curioso todo esto.

Holmes empezó a contabilizar las representaciones:

- El mismo año del estreno la retransmitieron por radio y se representó en dos ocasiones más. Luego, otra en 1940, en Halle. Y ya no vuelve a haber otra hasta 1947, en Darmstadt.
- Cuando más hay es en la década de los 50 –observé.
- Así es. Catorce. La mayoría en ciudades alemanas, pero también hizo algunas excursiones interesantes: en noviembre del 56, a Nueva York; en febrero del 59, a La Monnaie de Bruselas. Y en la segunda mitad de ese mismo año, a la Volksoper de Viena.
- Parece que iba ganando presencia en los escenarios.
- Sí. Humm… Pero a partir de ahí desaparece progresivamente. En los 60 ya sólo la tenemos nueve veces. En los 70, seis. En los 80, cuatro. Y rara vez fuera de Alemania: Berna, Estocolmo…
- Sin embargo, revive en los 90.
- Pues sí, Watson. Dieciséis interpretaciones. Aunque alguna la hacen con marionetas (Munich, 95) y otra en versión concierto (Kiel, 98) Y claro, también empiezan las representaciones en el Festival de Andechs: una en el 98, otra en el 99… Y el cambio de siglo tampoco le ha ido mal. Se ha seguido interpretando, aunque ya abundan más las versiones de concierto. Las últimas noticias son de … ¡Sao Paulo!

Der Mond. Und Sie Brachten. Sao Paulo, 2007

- Bien. Claramente, nunca ha sido de repertorio, pero tampoco ha llegado a abandonar los escenarios. Al menos, los escenarios alemanes. Veamos ahora qué grabaciones hay.

Imagensep Toma en estudio de 1950:

Narrador: Karl Erb
Primer muchacho: Benno Kushce
Segundo muchacho: Josef Knapp
Tercer muchacho: Paul Kuen
Cuarto muchacho: Georg Wieter
Campesino: Rudolf Wünzer
Burgomaestre: Willy Rösner
San Pedro: Georg Hann

Orquesta y Coro de la Radio de Baviera.
Director: Rudolf Alberth



Imagensep Otra, de 1957, con dos nombres ilustres.

Narrador: Rudolf Christ
Primer muchacho: Karl Schmitt-Walter
Segundo muchacho: Helmut Graml
Tercer muchacho: Paul Kuen
Cuarto muchacho: Peter Lager
Campesino: Albretch Peter
Burgomaestre: Willy Rösner
San Pedro: Hans Hotter

Philharmonia Orchestra
Director: Wolfgang Sawallisch



Imagensep Quince años después:

Narrador: John van Kesteren
Primer muchacho: Heinz Friedrich
Segundo muchacho: Richard Kogel
Tercer muchacho: Ferry Gruber
Cuarto muchacho: Benno Kusche
Campesino: Raimund Grumbach
Burgomaestre: Hubert Buchta
San Pedro: Franz Crass

Orquesta de la Radio de Munich
Director: Kurt Eichhorn



Imagensep Y finalmente, en 1974:

Narrador: Eberhard Buchner
Primer muchacho: Fred Teschler
Segundo muchacho: Horst Lunow
Tercer muchacho: Helmut Klotz
Cuarto muchacho: Armin Terzibaschian
Campesino: Wilfried Schaal
Burgomaestre: Hans-Joachim Hegewald
San Pedro: Reiner Suss

Rundfunk-Symphonie-Orchester Leipzig
Director: Herbert Kegel

Disponible, íntegro, en youtube



- “Der Mond” y “Die Kluge” comparten disco a menudo –apunté.
- Sí, la escasa duración de ambas lo permite, y así se cumple, en cierto modo, la voluntad de Orff de que fueran representadas en la misma función –explicó mi amigo-. Aparte de estas cuatro versiones discográficas, ¿queda algo?
- Sólo algún youtubeo suelto: Der Mond ist fort
- No, Watson. Hay algo más. Un vídeo de 1965. Antiguo, es verdad, pero está la ópera completa. Y, ¡oh, Fortuna!, aquí conocemos al “primer muchacho”.

Narrador: John van Kesteren
Primer muchacho: Willi Borkmeier
Segundo muchacho: Claudio Nicolai
Tercer muchacho: Werner Kotzerke
Cuarto muchacho: Erich Winkelmann
Campesino: Ernst Sandleben
Burgomaestre: Heinrich Thoms
San Pedro: Heinz Herrmann

Munich Radio Orchestra
Director: Kurt Eichhorn

- ¿Borkmeier? –De pronto, recordé- ¡Ah, claro! Tiene que ser aquél…
- … al que le salvamos el pellejo en “El caso del faraón clonador de barítonos”. ¿Lo recuerda, Watson?

Inolvidable. Un miembro del coro iba por ahí, atizándoles a los barítonos con un fagot hasta dejarlos inconscientes. Luego, se los llevaba a un laboratorio y los clonaba. Holmes empezó a sospechar del faraón cuando se dio cuenta de que los hechos siempre coincidían con alguna función de “Aida”. Y gracias a que el criminal era un perfeccionista, Holmes pudo diferenciar los barítonos originales de sus copias, pues los de verdad calaban y los replicantes no. Borkmeier iba a ser la siguiente víctima, pero Holmes se anticipó.

- Así que nos debe un favor. Ya tenemos un contacto, Watson. Hagámosle una visita.


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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 08 Ene 2012 9:16 
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Las cosas no fueron tan fáciles como Holmes había esperado. Nos presentamos sin previo aviso en casa de Borkmeier, un individuo fornido de mirada huidiza que vivía en un elegante barrio residencial a las afueras de Munich. Pillamos al cantante a punto de merendarse una salchicha bratwurst matrícula de honor. Supongo que fue por la interrupción por lo que se negó en redondo a colaborar. Al principio, Holmes alternó hábilmente la persuasión con la amenaza pero, harto ya, recurrió a la tortura:

- Señor Borkmeier, no me deja elección –dijo. Y con rápido gesto le arrebató el bocadillo- A menos que desembuche ahora mismo, este peazo bocata de salchicha se lo zampa mi amigo Watson, que lleva haciéndole ojitos desde que entramos aquí.
- ¡Pero Holmes! –exclamamos al unísono Borkmeier y yo, solidariamente indignados.

Borkmeier, sin embargo, bajó la cabeza, vencido.

- De acuerdo. ¿Qué quieren saber?
- Podría empezar por contarnos la génesis de la ópera.
- ¿La génesis? ¿Qué génesis?
- Ya sabe. Por qué Orff decidió componer una historia sobre la luna, y todo eso.
- ¡Ah! ¡Bah! No tiene nada de raro. -Y empezó a contar, evitando mirarnos-: Orff, como tantos niños alemanes, tenía la colección de cuentos de los Grimm y allí salía ése de la luna. Ya conocen ustedes la tradición compositiva alemana, empezando en “Zauberflöte”, siguiendo con “Freischütz”, y llegando hasta Wagner y su “Ring”, sobre la naturaleza, sus elementos, sus fuerzas, y entre ellos, cómo no, la luna. Orff siguió esa tradición y acabó por implicarse en un complejo proceso de fusión cultural de la leyenda, el cuento, la danza y la canción. Por otra parte, a Orff la cosmología siempre le interesó mucho. Algo influiría, supongo, el tener un abuelo astrónomo. Pueden confirmar lo que digo. En “Carmina Burana”, tiempo le faltó para sacar la luna a relucir, nunca mejor dicho:

DivShare File - Carmina Burana_ Comienzo.mp3
O Fortuna
velut luna
s¡Oh, Fortuna,
variable como la luna!


Holmes, que había mantenido la delicatessen entre Borkmeier y yo, la alejó poco a poco del cantante y la acercó a mi posición.

- Todo esto está muy bien –dijo-. Pero cuénteme algo que no sepa. Usted conoció a Orff durante los ensayos de “Der Mond”. Algo más sabrá, algo le diría.

La bratwurst reanudó su trayecto hacia mí. Ya me llegaba el olorcillo. Delicioso, sencillamente deli...

- ¡Espere! –gritó Borkmeier. El manjar quedó quieto, flotando en el aire- Hay otra cosa... De niño, a Orff le regalaron un juguete, un teatrillo de marionetas. El tenía una predisposición innata para el teatro, y ese juguete pronto se convirtió en su preferido. Además, los teatros de marionetas también son una auténtica tradición en Alemania. Bueno, pues cuando pensó en componer música escénica para el cuento de los Grimm, su primera idea fue que se representase en un teatro de esos. Pero la obra era muy complicada para unas simples marionetas, pues tiene tres niveles de acción: la tierra, el cielo y el inframundo. Y Orff comprendió pronto que sólo un escenario de ópera grande podía atender los requerimientos escénicos.
- Eso ya está mejor. Prosiga.
- Esto... Como lo que más problemas le daba era la cuestión escénica, lo primero que creó no fue ni el texto ni la música, sino el diseño de la escena. El marco para la acción, vaya. Orff tenía ideas muy claras y concretas al respecto: la escena debía estar dividida horizontalmente en dos mitades: tierra e inframundo. A su vez, un avellano tenía que dividir la tierra en dos países, prácticamente idénticos, a izquierda y derecha del árbol, con sus respectivas hosterías. Una escalera conduciría al inframundo, que sería una gran gruta abovedada. Todo eso lo decidió antes de ponerse a componer. Por eso, cuando Clemens Krauss fue a verle, el libreto y la partitura estaban todavía muy verdes.

Holmes estaba ahora realmente interesado. Vi, desilusionado, cómo la magnífica bratwurst se alejaba definitivamente de mi área de influencia y regresaba a la de Borkmeier.

- ¿Krauss fue a ver a Orff?
- Sí. Le gustó mucho el proyecto y se ofreció a dirigirlo él mismo. Todo un honor para Orff, claro, ya que por entonces, Krauss era director residente de la ópera de Munich. Un gerifalte musical. En esos años, el 37, el 38... Usted ya me entiende. Orff no daba crédito a su buena suerte, así que se puso las pilas y escribió el libreto. Se aplicó a adaptar la fábula de los hermanos Grimm, aunque le añadió mucho de su propia cosecha. Practicamente dobló la extensión del cuento.
- Y después, Orff compuso la música de la ópera.
- Bueno, ópera, lo que se dice ópera... La verdad es que, para una ópera, falta la sustancia real músical. La partitura está compuesta a base de danzas y canciones populares, con incursiones en el dialecto bávaro. Alguien dijo que no es ni ópera ni cantata, ni espectáculo musicalmente ilustrado en el sentido convencional, sino una mezcla de elementos de todos estos géneros. Así que podría ser teatro musical, drama con música... También un singspiel, pues hay fragmentos hablados. Llámenlo ópera si quieren, pero el propio Orff nunca lo hizo; se refirió a ella como “ópera de cámara” o “pequeño teatro del mundo”.
- Bien. Ahora, háblenos del estreno.
- Ahí no hay misterio. Fue el 5 de febrero del 39, en Munich. Un éxito. No un bombazo como los “Carmina Burana” pero éxito, al fin y al cabo. Y eso que a lo largo de la función no lo parecía, porque la obra era muy novedosa en el fondo y en la forma, y parte de la audiencia, que no la entendió, expresó su disgusto con gritos y toses. Una dama se fue del teatro cuando el primer muerto salió del ataúd. Y no digamos nada de las protestas que hubo al ver el alegre bullicio en el inframundo. Sin embargo, al final, tras la bonita melodía de la cítara con toda la orquesta en silencio, sonó un fuerte “¡Bravo!” desde las butacas y el estado de ánimo se dio la vuelta.
- ¿Y después?
- Tuvo un breve periodo de esplendor. Entre febrero de 39 y mayo del 40 se representó en Munich, en Braunschweig, en Gera, en Halle... Pero mientras tanto, estalló la guerra. –Borkmeier apartó la mirada-. Empezaron a llegar ataúdes del frente. Y eso de presentar a los muertos tan contentos, bebiendo y jugando a las cartas, hirió sensibilidades y pasó a considerarse irreverente. Así que ya no se representó más hasta 1947, cuando hubo pasado la guerra.

Holmes devolvió el bocadillo a su propietario, quien lo devoró en cuatro mordiscos para no arriesgarlo de nuevo.

- De acuerdo, Borkmeier. Ahora tenemos que averiguar quién ha robado esa luna, encontrarla y devolvérsela a nuestro cliente. Necesitamos su ayuda para entrar en la ópera.

A Borkmeier se le dilataron las pupilas, la boca se le abrió y el rostro se le contrajo por el miedo.

- ¿Qué? ¡De eso nada! -exclamó.

Y sin darnos tiempo a reaccionar, convirtió en huidiza no sólo la mirada sino su persona toda: dio un brinco y escapó de su propia casa como alma que lleva el diablo. Por un instante Holmes y yo nos quedamos sin saber qué hacer. Sugerí ir a cualquier cervecería y encargar un buen bocadillo de salchicha (lo reconozco: me había entrado el mono), pero mi amigo prefirió registrar el piso por ver si encontrábamos algo que pudiera sernos útil. Buscamos por todas partes: en los cajones del escritorio, en el piano, en el colchón, en los armarios... Nada. Ya estábamos a punto de irnos sin resultados, cuando Holmes descubrió un doble fondo en un barrilete de cerveza que Borkmeier guardaba en la nevera. De allí extrajo la hoja de una partitura. En la parte superior, su propietario había escrito “La clave es la clave”

- ¡Vaya majadería! –exclamé yo al leerlo-. Déjeme decirlo a mí, Holmes. Déjeme decirlo: Elemental...
- Pues fíjese, Watson, que esta ocasión yo no lo diría.

Holmes podía ser muy frustrante a veces.

- ¿Por qué no?
- ¡Oh, porque seguro que la cosa no es tan obvia! –contestó, como ausente- Esta frase, aparentemente absurda, tiene más miga de la que parece.
- ¿Miga? –repliqué, incómodo, pensando aún en el bocadillo- No le sigo.
- La partitura encierra algún enigma, y lo que la frase indica es que lo decisivo para solucionarlo no está en las notas sino en las claves. Volvamos al salón, Watson. Allí la examinaremos mejor.

De nuevo en la pieza principal de la casa, Holmes depositó la hoja sobre la mesa y tras alisarla, fue pasando la lupa por la partitura, de arriba a abajo. Al principio no ocurrió nada, pero cuando llegó a la parte de las violas, única escrita en clave de do, ésta empezó a aumentar de forma imparable. Primero duplicó su tamaño. Un instante después, lo cuadruplicaba. A mí me invadió el pánico cuando comprobé que no sólo la clave, sino que toda la hoja, la partitura entera con pentagrama, notas y claves, desbordaba los límites de la mesa. De pronto, como impulsada por una inexistente corriente de aire, la hoja voló hasta la pared, donde continuó ensanchándose cual si un operario invisible estuviera empapelando el tabique a toda velocidad. La expansión no cesó hasta que la partitura ocupó todo el paramento. La clave, en el extremo izquierdo, había alcanzado la altura de una persona.

Imagen


Yo estaba sobrecogido, pero Holmes sonreía, flemático.

- Vaya, vaya, con nuestro amigo Borkmeier. Esto debe de ser lo que llaman “la magia de la ópera”. Mire en qué se ha convertido la clave de do. ¿No le recuerda a nada, Watson?
- Semeja una B mayúscula, o un 3 apoyado en una barra vertical.
- ¿Nada más? Estrújese un poco el cerebro, hombre. Usted puede.

Me sentí bastante estúpido contemplando aquella enorme clave sin lograr desentrañar su secreto. Al cabo de un rato, vacilante, aventuré una respuesta:

- Vagamente… Podría ser una puerta.
- ¡Bravo! –aplaudió Holmes- ¡Ese es mi sabueso!

Ante mi asombro, se puso a empujar por el lado derecho de la clave y ésta empezó a abrirse hacia el interior de la pared, como si la barra fuese el marco de una puerta y el 3 la hoja girando sobre la punta a modo de bisagra. Cuando la tuvo totalmente abierta, quedó en la pared un agujero rectangular a cuyo través no se veía sino la negrura más absoluta.

Imagen


Holmes dijo, haciendo un gesto de invitación:

- Adelante, Watson, pase. ¡Entremos al fantástico mundo de “Der Mond”!


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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 08 Ene 2012 11:05 
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Pulpo de garaje
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La resolución de "El Clonador de Barítonos" es impagable :rolling:

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En la vida humana sólo unos pocos sueños se cumplen, la gran mayoría se roncan. Enrique Jardiel Poncela.


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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 08 Ene 2012 14:10 
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Sencillo homenaje a uno de los Administradores. :abracito:


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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 09 Ene 2012 8:11 
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Con más miedo que convicción, franqueé aquella extraña puerta. Holmes lo hizo a continuación. Aparecimos en un escenario negro cual pensamiento de nibelungo. Cuando los ojos se nos acostumbraron a la oscuridad, vimos ante nosotros un árbol que parecía un avellano y, sobre él, un individuo con un gran libro.

Imagen

- Mire, Holmes –dije, en un susurro-. Un tipo subido a un árbol, como si fuera un pájaro. ¿Será Papageno?
- No, Watson –replicó mi compañero-. Papageno es de otra ópera. Este debe de ser el narrador. El libreto de Orff se basa en un cuento, y en los cuentos siempre hay narradores. Además, suelen estar muy bien informados, así que nos conviene llevarnos bien. Veamos si podemos interrogarle.

No hizo ni falta. O nos estaba esperando, o tenía muchas ganas de hablar con alguien. Lo cierto es que en cuanto nos vio, el bardo empezó a contarnos la siguiente historia: érase una vez un país donde la noche era siempre oscura porque, cuando el mundo fue creado, no hubo suficiente luz nocturna para todos y ellos se quedaron sin luna y sin estrellas.

Un día, cuatro amigos partieron de ese país y llegaron a otro que sí la tenía.

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- ¿Qué le dije, Watson? –comentó Holmes- Este hombre está al cabo de la calle. ¡Eh! Parece que los muchachos traman algo. Y por el otro lado se aproxima un campesino. Ocultémonos tras el árbol para observarles.

El campesino explicó a los viajeros que el burgomaestre de su pueblo había comprado en tiempos la luna por tres táleros y la había colgado del árbol. Desde entonces el edil subía a diario a echarle aceite y limpiarla, lo que el pueblo retribuía abonándole un tálero a la semana. Esto coincidía con lo que nos había explicado el propio burgomaestre en casa de Holmes.

Inmediatamente, vimos la codicia reflejada en el rostro de los jóvenes. En cuanto el campesino se fue, decidieron llevarse la luna a su pueblo.

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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 09 Ene 2012 20:55 
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Frikilandés
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Me he quedado así :o cuando entran en la ópera a través de la clave.
Qué bien te está quedando, Loge. :aplauso:

Por cierto, me pregunto si los minimalistas reconocen algún tipo de filiación "órffica".
Lo obstinado de los ritmos, las repeticiones de frases, e incluso alguno de los fragmentos que has colgado me han hecho pensar en Glass.

_________________
L' Incoronazione di Poppea


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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 09 Ene 2012 22:27 
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Gracias por los ánimos. :D
No había caído en esa semejanza con el minimalismo. Además, mis conocimientos sobre ese estilo también son... minimalistas. :oops:
Como podrás comprobar mañana, Watson le ha encontrado a los personajes de Orff una semejanza aún más sorprendente. :idea:


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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 10 Ene 2012 8:55 
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- ¿Usted los ha visto, Holmes? ¡Hablan como los teletubbies!
- Ya, ya... Cada vez entiendo mejor lo de los ostinati obsesivos que leímos en la Enciclopedia.
- Al menos, ya sabemos quién se llevó la luna de aquí. Y también sabemos por qué Borkmeier no quería ayudarnos. ¡El es uno de los ladrones! De hecho, el cerebro del robo.
- En efecto. ¡Pero mire: por ahí viene otro conocido nuestro! ¿Ve quién es, Watson?
- ¡A fe que sí! El burgomaestre, con treinta años menos. Viene entonando una canción de por aquí.
- Esa canción figura en una recopilación de cantos populares con muchas variantes. La primera versión aparece en “La muerte de Danton”, de Büchner. Y pásmese, Watson: la canta un verdugo francés.
- Pues no parece que ahora el burgomaestre piense en verdugos ni en muertos. Menuda borrachera trae.
- Claro. Por eso cuando vino a contarnos el caso no recordaba nada de lo sucedido esta noche.

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- ¡Uf, Holmes! ¡Se le han sublevado sus conciudadanos!
- Con razón. Por su negligencia se han quedado a oscuras. En vez de vigilar y atender la luna se ha ido de tabernas y los ladronzuelos han aprovechado para llevarse la luna a su pueblo. Veamos qué pasa allí.
- Que los aldeanos no saben para qué sirve.
- Porque no la habían visto nunca. Pero ya se ocupan los cuatro bribones de venderles el producto pregonando su utilidad.

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- ¿Qué le parece, Watson?
- Pues que, a éstos, la luna les sale bastante más cara que a los del otro pueblo. Pagan un tálero semanal también, ¡pero a cada muchacho! Menudos pájaros están hechos.
- Bien. Tenemos que irnos a hacer ciertas comprobaciones. Dejemos que, mientras tanto, el narrador haga un resumen.
- Y que suene el interludio, en un extraño do bemol mayor, que representa el nacimiento, la vida y el tránsito a la muerte de cada muchacho.

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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 11 Ene 2012 8:49 
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- Bueno, Holmes. Explíqueme a qué hemos venido al cementerio. Y para qué hemos pasado antes por el banco.
- En el banco he revisado las cuentas corrientes de los cuatro viajeros. Efectivamente, a todos ellos les han estado ingresado su tálero vitalicio. Al cementerio hemos venido porque hace poco fallecieron el primero y el segundo, y ayer mismo, el tercero. Y observe qué coincidencia: en el árbol faltan tres cuartos de luna.
- Los habrá robado algún otro.
- ¿Quedando vivo alguno de los cuatro, que no le quitan ojo? No creo. En todo caso, se habrá usted fijado en la cantidad de pisadas que vienen desde el avellano, que vemos allí enfrente, hasta este cementerio, como si cada vez que entierran a uno de ellos, los aldeanos pasasen antes por el árbol con algún fin. Y otro detalle sospechoso: en el centro del camino, los cuatro pares de pisadas de quienes transportaron a hombros los féretros se diferencian claramente de las demás porque están mucho más hundidas.
- Obviamente, cargaban con más peso: el del ataúd y el del muerto.
- Eso sí es elemental, querido Watson. Pero para llegar a esa profundidad, en el ataúd tenía que haber algo más que el muerto.
- ¿Sospecha algo?
- Sí, me voy haciendo una idea. Pero es tan fantástica que…

En ese momento, oímos un rumor procedente del avellano. Una lúgubre procesión de aldeanos que portaban un féretro se había detenido allí.

- ¡Watson, mire! –indicó Holmes señalando hacia el lugar- Acaba de fallecer el cuarto muchacho y ya está todo el pueblo al pie del árbol. Veamos lo que hacen. Desde lo alto de ese panteón tendremos mejor vista.

Trepamos a un panteón cercano, y cuál sería nuestra sorpresa cuando allí nos encontramos con alguien. Era el Fantasma de la Opera, que, según nos dijo, estaba haciendo prácticas de tiro de bolas de fuego para matar el tiempo hasta que llegase Christine Dáae. Nos costó un poco desalojarlo de allí, pero al final lo conseguimos: le hicimos notar que estábamos en una producción de 1965, mientras que, a él, Lloyd Weber no pensaba desempolvarlo hasta 1986.

- ¡Cómo! –exclamó cuando cayó en la cuenta- ¿Que me va a tener veinte años esperando? ¿Con este frío? Hombre, si hay que estar se está; pero estar pa ná…

Y, envolviéndose en su capa y girando sobre sí mismo, se desintegró dejando un polvillo brillante que nos hizo toser un poco. Al fin solos, Holmes y yo nos dispusimos a presenciar la escena agazapados encima del panteón


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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 12 Ene 2012 8:57 
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Desde nuestra atalaya observamos cómo el alcalde descolgaba el último cuarto de luna y lo introducía en el ataúd del cuarto muchacho. Desde ese momento, a causa de las tinieblas en que quedó envuelta la noche, y de la espesa niebla que cayó a continuación, ya no vimos nada más. Pero oímos el rumor de una muchedumbre acercándose y las maldiciones en dialecto local cuando, debido a la oscuridad, se pisaban y chocaban unos con otros. El cortejo fúnebre pasó ante el panteón y enterró al fallecido en una tumba cercana. Oficiadas las exequias, esperamos todavía un buen rato antes de bajar. Cuando Holmes consideró que ya no había riesgo de que volviera nadie ni de encontrarnos a algún rezagado, abandonamos nuestra elevada posición.

- ¡Caso singular! –exclamé- Al morir, cada uno se ha llevado consigo su cuarto de luna.
- Lo que significa –añadió Holmes- que la luna está ahí, repartida entre cuatro tumbas. ¿Qué tal anda de músculo, Watson? Tenemos que levantar cuatro pesadas lápidas.

Pero apenas lo había dicho, cuando quien tensó los músculos fue él.

- ¡Alerta! –gritó Holmes, y oí el clic seco del gatillo de un arma al levantarse-. ¡En guardia!
- ¿Qué sucede, Holmes?
- Escuche. ¡Escuche! ¡Alguien o algo viene a toda velocidad!

Desde alguna parte, en el interior del reptante banco de niebla, llegaba hasta nosotros un pataleo breve, brusco, continuo. La nube se alzaba a cincuenta yardas de donde nosotros estábamos, y ambos la contemplábamos con los ojos muy abiertos, no sabiendo qué horror iba a brotar del seno de la misma. Yo estaba junto al codo de Holmes; clavé un instante mis ojos en su cara. Pálida y jubilosa, brillábanle vivamente los ojos. Pero súbitamente se alargaron en un mirar rígido, fijo, y sus labios se abrieron de asombro. Yo me erguí de un salto, con mi mano inerte en la empuñadura de la pistola, paralizado el cerebro por aquella forma espantosa que desde las sombras de la niebla se había abalanzado hacia nosotros. Era un sabueso, sí: un enorme sabueso de color negro carbón. Pero un sabueso como jamás habían visto ojos humanos. Salía fuego por su boca abierta, sus ojos resplandecían con un brillo apagado. El hocico, la papada, la morra se dibujaban con una luz titilante. Ni en las fantasías delirantes de un cerebro trastornado pudo nunca concebirse nada más salvaje, más espantoso, más infernal que aquel cuerpo negro y aquella cara salvaje, que se nos vino encima desde el interior del muro de niebla.

Con la sorpresa y el espanto, se nos habían caído las armas al suelo. Yo estaba paralizado, pero aún podía mover los labios:

- ¡Por todas sus británicas Majestades juntas! –juré- ¡Es el sabueso de los Baskerville! ¿Cómo está aquí?
- No lo sé, y no pienso perder un segundo en averiguarlo, Watson. ¡Hay que ponerse a salvo! ¡Volvamos arriba!

A toda prisa, regresamos al techo del panteón. El sabueso se plantó debajo de nosotros y empezó a ladrar como un poseso.

- ¿Qué hacemos, Holmes?
- ¿Qué podemos hacer? Tenemos las armas en el suelo. No hay más opción que esperar a que se vaya.

Pero el animal no tenía ninguna prisa. Y nos dieron las diez, y las once, las doce y la una y las dos y las tres... Cuando ya pasaban de las cinco y estaba a punto de amanecer, le dije a Holmes:

- Ese can es incansable. Aún volverá el Fantasma de la Opera, dentro de veinte años, y nos encontrará aquí. Si pudiéramos arrojarle una pelota para que fuera a buscarla...
- ¡Watson, me acaba de dar una idea!

Mientras decía esto, Holmes buscó en sus inmensos bolsillos y sacó el smartphone. Conectó internet, entró en youtube y escribió “perro ladrando” en el buscador. Aparecieron infinidad de vídeos. Seleccionó uno y, tras despedirse del aparato (“Era de última generación”, dijo con tristeza) pulsó el play y arrojó el teléfono con todas sus fuerzas a la espalda del chucho. Cuando éste oyó ladrar tras él, dio media vuelta y salió disparado hacia el lugar del que provenía el ruido.

- ¡Ahora, Watson! ¡Bajemos!

Así lo hicimos. Nos dirigimos a la tumba del último muchacho y aplicamos todas nuestras fuerzas a levantar la lápida. El primer rayo de sol despuntaba por el este. De pronto, volvimos a oir al sabueso. Había encontrado el teléfono, había comprendido la añagaza, y volvía a la carrera, más furioso aún que antes. Con la lápida en las manos, ahora no podíamos regresar al panteón.

- Watson, me temo que vamos a tener que meternos aquí. Entre. Yo sujeto la piedra.
- ¿En una tumba, junto a un fiambre recién enterrado? ¿Ha perdido el juicio?
- Como guste –replicó Holmes, sarcástico- Al menos, el fiambre no muerde. Yo me meto, y si usted prefiere quedarse ahí quieto, como la estatua del Comendador, allá se las componga con el perrazo.

Estas palabras, y la visión del chucho babeante y a punto de saltar sobre mí, bastaron para decidirme. Salté al agujero, y Holmes me siguió, no sin antes adoptar la precaución de volver a cerrar la lápida. Pero en lugar de aterrizar suavemente en el suelo de la tumba, como había esperado, experimenté una sensación de vértigo. ¿Estábamos cayendo? ¡Sí, caíamos al vacío, pues el sepulcro carecía de suelo! En realidad, era como un pozo, o una chimenea que se internaba en las profundidades de la tierra. Y mientras, por encima nuestro, oíamos cada vez más lejanos los furiosos arañazos del sabueso en la lápida, comenzamos un vertiginoso descenso hacia el abismo.


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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 12 Ene 2012 17:04 
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Minimalistas tus conocimientos, anda ya...¡Más tiempo quiero yo, cielos!

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Di pasta simile son tutti quanti.


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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 12 Ene 2012 21:41 
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Me parece más interesante la trama de la exposición que la del libreto...
:rolling:

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Mejor un mal Verdi que un buen Britten.


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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 13 Ene 2012 8:38 
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La caída se me hizo más larga de lo que probablemente fue en realidad. Terminó, previa impresionante costalada, en una gruta abovedada cuyo suelo barría enérgicamente un fraile en hábito de dominico. Entre féretros y más féretros, se desparramaban botellas y latas de cerveza vacías, cartas de la baraja francesa, dados, bolas y bolos. Holmes reconoció al fraile, que batía airosamente la escoba.

- ¡Si es San Martín de Porres! Buenos días, Fray Escoba. ¿Qué hace usted aquí, padre?
- Mis respetos, caballeros. Estoy cumpliendo un encargo de San Pedro. Necesitaba a algjien que limpiase los restos de un botellón, y quién mejor que el patrón de los barrenderos.
- ¿Los muertos montan botellones?
- Normalmente no. Pero esta noche ha sido distinta. Llegó el último de una cuadrilla cuyos miembros han ido viniendo en el espacio de pocos días. Cada uno se trajo un cuarto de la luna y, como la luz les impedía dormir en sus ataúdes, salieron y la volvieron a montar aquí. La claridad despertó a los demás muertos y los recién llegados, que aún traían el cuerpo de fiesta, les convencieron para organizar una bacanal.

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- Se pusieron a jugar a las cartas y a los bolos, y a beber como locos –continuó el fraile- Es decir, todos hicieron lo mismo que cuando vivían: emborracharse, jugar, hacer trampas, insultarse... Porque no había ni uno bueno. Luego, les entró la melancolía.

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 Asunto: Re: El JUEGO (ejem)... LOGE presenta LA LUNA de Orff (pág.4)
NotaPublicado: 14 Ene 2012 9:45 
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- Holmes –dije yo- Juraría que lo que cantaron al principio lo he oído en algún sitio.
- Algo muy similar. Lo oyó usted cuando el bibliotecario nos cantó el “Floret silva nobilis” de los Carmina Burana. Este “Floret silva undique” (es decir, “Por todas partes florece el bosque”) que cantan aquí los muertos es una adaptación de aquél. Bueno, ¿cómo acabó todo? –volvió a preguntar mi amigo a San Martín-
- Acabó cuando, con la juerga, despertaron a San Pedro. Al principio, pensó que el alboroto procedía de la tierra. Pero miró hacia allí y lo vio todo en calma. Luego se dio cuenta de que eran los muertos los que montaban el escándalo.

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- ¡Madre mía! –suspiré- Recuerdo haber leído que los personajes de Orff no tienen ninguna preocupación de índole moral, pero no esperaba verlo tan claro.
- Bueno. El caso es que cuando San Pedro vio que aquello se desmadraba, bajó a poner orden –añadió el fraile.
- ¿El propio San Pedro vino al inframundo? ¿Podríamos interrogarle?
- Cuando acabó todo salió de viaje con una maleta enorme. Pero están de suerte. Ahí vuelve.

Por un extremo del escenario apareció un anciano de cara afable, orlada por una esponjosa barba blanca. Como un Papá Noel en versión cristiana, aunque vestía una pelliza en vez de túnica y portaba en la cabeza un sombrero de ala ancha en lugar del aura de santo. Abordamos al número dos del cielo, que se mostró colaborador desde el principio.

- Les entró una especie de locura colectiva y vine a ver qué pasaba –declaró-. Lo cierto es que, excesos aparte, tenían aquí una fiesta muy agradable, con bebida, calorcito... ¡Hasta me quedé un ratito con ellos y todo!
- ¿Ah, confraternizó con ellos?
- Si es que, en el fondo, no son malos chicos. Les bailé un poco el agua. Les canté “Der Wein is gut, Der Mond scheint hell” (“El vino es bueno, la luna brilla clara”). Un pequeño ataque de vanidad por mi parte, pues la cancioncilla es una cita de la “Lenore” de Burger. Un cuento gótico de vampiros del siglo XVIII que alcanzó bastante fama. Después les solté un sermoncete para recordarles lo bien que están aquí, libres de las penalidades de los vivos. Y ya, cuando los vi tan cansados que no podían con su alma, los mandé a dormir y me llevé la luna para que no les molestase.

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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com