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También asistí a la retransmisión de Satyagraha, y la verdad es que me fascinó, literalmente. Una música complicada de interpretar, llena de matices sutiles que han de aparecer con todo realce: el minimalismo puede hacerse eterno si no se interpreta con el cuidado y la precisión debidas. En efecto, los cuerpos estables del teatro lo dieron todo, tanto la orquesta como el coro, fantástico en sus intervenciones, en ocasiones bastante largas. En el foso, Dante Anzolini prestó atención a los mil y un detalles de la meticulosa partitura.
–Richard Croft ya comenzó con fuerza y con una presencia poderosa en su bellísima intervención inicial. Papel endiablado el de Gandhi, y larguísimo además. Todos los matices del personaje, desde el entusiasmo al desánimo, pasando por la resignación, estuvieron presentes. –Excelente Rachelle Durkin, quizás la mejor voz del reparto, en la parte de Miss Schlesen, que no será larga –ni tampoco tan corta–, pero sí es lucida a mi entender. Toda una exhibición de sobreagudos limpios, seguros y de enorme poderío, traspasando sin problemas la barrera sonora del tutti orquestal y coral. Simplemente fabulosa. –Eficaces en sus cometidos, Kim Josephson y Alfred Walker (tampoco estuvo "tan apagado", ni mucho menos…), redondearon un reparto donde también destacó la cantante que hacía de esposa del superintendente en la escena 1 del Acto II, defendiendo a Gandhi a golpes de sombrilla ¿de quien se trataba? Me gustó muchísimo.
Disfruté todos y cada uno de los detalles de la producción a cargo de Phelim Mc Dermott. Muy pensada, muy trabajada, no dejaba nada al azar. Sencilla de elementos, les saca un enorme partido. Estupendo el uso de las hojas de periódico, ya sueltas, agrupadas a modo de pantalla de algunas proyecciones del texto, ya unidas en largas tiras que atraviesan el escenario. Magníficas las enormes marionetas, un guiño a la tradición ancestral de títeres en la India. Otro hallazgo fue el uso de los rollos de celo creando dos "empalizadas" que delimitaban un sendero central en el escenario. En el fondo de la escena, como en un segundo plano, una ventana mostraba en su interior al personaje inspirador de cada uno de los tres actos: Tolstoi, Tagore, Luther King. Las proyecciones y la iluminación de Paule Constable terminaron de crear la atmósfera apropiada a los diversos momentos de la acción. No encuentro, sin embargo, que los actos I y III sean superiores al II. Para mí, en el III acto es donde todo decae, con una morosidad evidente. Con todo, la intervención final de Gandhi es fantástica y crea una sensación cíclica, ya que es el protagonista quien abre y cierra la ópera con sus solos. En esta partitura hay más de un guiño a Britten, al Weill de Mahagonny, a las bandas sonoras de Michael Nyman… Menos entrada que en otras retransmisiones –de los habitués de la italianada, ni uno, y wagnerianos, muy pocos– en un título a no perderse. Estupenda velada.
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Bella tu sei, tu sei gioconda
Última edición por Carestini el 20 Nov 2011 2:18, editado 1 vez en total
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