CRÓNICA NIBELÚNGICA (función del día 7)
Puesta en escena interesante, aunque demasiado minimalista; esto es, excesivamente ayuna de elementos escénicos (pozo auténtico y balcón de verdad se habrían agradecido). A pesar de todo, el "vaciamiento" del escenario contribuyó a potenciar el onirismo, el misterio y ese ambiente de cuento que destilan libreto y partitura. Ingeniosa (y operativa) la referencia al teatro
kabuki en la actuación de los personajes (adoptando cada uno su postura identificativa) y con un vestuario que incluía maquillaje con polvo de arroz y guantes. Iluminación estupenda y muy efectista y expresiva.
Muy bien Cambrelling, estilística y dramáticamente hablando, aunque se mostró demasiado moroso en los
tempi. Y tan fue así, que, de hecho, la primera parte del programa --cuya duración estaba prevista en 1 hora y 35 minutos, según indicación de la raquítica hoja volandera que ahora se entrega como programa de mano-- se alargó casi veinte minutos más. Ciertamente, la función duró demasiado y ello pudo contribuir a la "espantá" y al cansancio de un respetable más acostumbrando a otros repertorios más jacarandosos.
Los cantantes estuvieron bien en general. El mejor, en mi opinión, Selig, en la piel del viejo y entristecido rey Arkel. En cuanto a Beuron, y a pesar de sus carencias, he de reconocer que no me pareció mal su prestación: tiene una voz no demasiado bonita, pero no está mal de volumen y corre bien en el teatro. Yo, desde luego, pude seguirle sin ningún problema (y eso que estaba escuchando en delantera de paraíso). El Goulaud de Naouri pschi, pschá. Una voz bien armada, pero fea, pobre de armónicos y en exceso estridente, si bien se mostró bastante emotivo en su intervención del último acto. La Mélisande de Tilling estuvo bien escénicamente --la cantante es bien maja ella-- y brilló por la belleza del timbre. Pero como ya se ha dicho aquí antes, estamos ante una voz muy, muy cortita y de escasa proyección, por lo que fue tapada continuamente por la "simbolista" partitura debussyana. En cuanto al niño que interpretó a Yniold, se lo podrían haber ahorrado, la verdad. Mejor habría sido poner una soprano, que hubiera sacado mayor partido a un papel que tiene su momento de gloria. La Genéviève de Summers pasó sin pena ni gloria, en mi opinión. Y otro tanto podríamos decir del doctor de Ballestra (claro, que el papel tampoco es como para lucirse).
En resumen: una velada insípida (aunque llevadera) que, me temo, es un adelanto de lo que está por venir. Aunque ojalá me equivoque.
Coda final: ¿y qué decir de la política de publicaciones del Real en esta era Mortier (si es que hay alguna)? Podríamos decir que es, cuando menos,
muy desafortunada. Es verdad que se han reducido los precios, ¿pero a cambio de qué? ¿Cuál es la utilidad de un librillo raquítico al que se le ha terminado suprimiendo el libreto bilingüe, y que ni siquiera aporta contenido interesante en aquella parte que se conserva de los antiguos libros? Porque no lo neguemos: hasta los artículos incluidos son cada vez peores y encima todo está lleno de ridículas y feísimas fotografías que no aportan nada al tema. Mal, mal, mal...
Saludos a todos.