Un maravilloso telón de inicio que envuelve la biblioteca del doctor Fausto en humo coronado por la estampa de la muerte sentada, descansando sobre el mundo con la guadaña siempre a mano.
Así comenzó este Fausto pasado por CINESA desde el teatro de La Bastilla en Paris, en un falso directo debido a la huelga de los operarios del teatro.
Una producción espectacular de ámbito único: la biblioteca. Inmensa en su verticalidad, se divide en tres según las necesidades de la historia, dejando libre el paso a bailarines ¿?, actores, cantantes y bellezones varios.
Dos escaleras de caracol laterales y un Jesucristo crucificado central, lleno de libros, que son, por cierto, los únicos que no desaparecen de escena cuando el resto lo hace, dejando las baldas vacías para el paso de luz.
Un acierto de iluminación que permite, trabajando desde fuera, variar por completo el ambiente escénico pasando del blanco mínimal del inicio, al sugerente obscuro del “Le Veau d’or”.
Interesante y provocador también el momento en el que Roberto Alagna aparece en escena embutido en pantalón negro y camiseta dorada, que acaba quitándosela y rompiendo, en el interior de una luminosa pecera, copa o bola renaciendo a su nueva juventud.
¡Que acertado el trabajo de actor del viejo Fausto! Y que acertado el doblar su voz…
Un vestuario impecable, romántico, con las texturas apropiadas en cada momento: sedas, tules, cuero, piqué y algodones allá donde eran necesarios… pelucas, antifaces… muñecos con ese aire de papel maché de las figuras mejicanas de la noche de difuntos…
Impactante el atuendo rojo del diablo cuando este se encuentra en sus dominios.
Momentos visualmente muy atractivos cuando el Cristo que preside el centro del escenario es sustituido por un esqueleto de brazos en cruz, coronado por una guirnalda de flores, lleno de colgantes y coloristas tiras de papel o cuando ese mismo Cristo reinante se convierte en pasarela por la que circulan Fausto y Mefistófeles.
El cine nos dio además la oportunidad de observar, en una vista aérea, la mesa iluminada en forma de cruz… realmente interesante.
Me gustó mucho también la escena del funeral con ese cierre de verja que termina dejando a Margarita fuera, sola, totalmente abandonada.
Quizás lo más desconcertante de todo fue el paseo final de su pobre cabeza guillotinada…pero en conjunto la producción me gustó mucho.
Musicalmente una buena noche sin duda: el coro de la ópera de Paris perfecto, la batuta vibrante, el tenor francés estupendo de voz, a gusto trabajando en su idioma natal... ¿con el agudo algo corto? No lo se, a mi me sonó bien. Una Margarita refinada, elegante, dulce y entregada: perfecta la pequeña albanesa para este papel de moza enamorada y engañada.
Y además, al día de hoy no me ha dado nunca una mala noche y por eso, que no es poco, le tengo pelota.
El Mefistófeles no es Pape, claro, pero bueno… ¡ni tan mal! Tiene una gran presencia escénica y esta en su justa medida constantemente jugando en escena, yo diría que es más barítono que bajo y este rol parece que exige densidad, profundidad en los graves y ahí esta flojo. Y eso de tentar a la moza en vivo y en directo en el aria de las joyas… ¡bien por el atrevido diablo!
El hermanísimo Valentín que muere a manos de Fausto haciendo honor a su nombre queriendo defendiendo a la perdida, osease, a Margarita estuvo bien, correcto: un barítono ligeramente lírico, de bella voz, a seguir escuchando.
Resumiendo, que pasé una tarde estupenda y eche de menos a mis foreros cineastas y esa mi “vieja gloria” que al final, parece que vio la misma función que yo.
