UN BICHO EN EL CAMPOAMOR
Incapaz de pronunciar el alemán o de aprenderse el término DIE FLEDERMAUS, así se han referido mis chicos a la función que ha dado inicio a la temporada y la verdad, no muy lejos de la realidad, me temo.
Me costó entrar en la función por varias razones, alejadas algunas de ellas de las cuestiones musicales, que debieran ser en principio las fundamentales cuando una se gasta la pasta en una entrada de ópera, pero en un mundo tan visual como el actual, la estética empleada en este MURCIELAGO no reproduce en absoluto la idea de Opereta que mi madre sembró en mi.
Un mundo de balneario al que sigue una fiesta de punto Art Decó y que cierra con tintes obscuros de recuerdo post guerra e interrogatorio, de grises y negros brillantes y acharolados: nada más lejos de aquellos términos que de niña seducían mi imaginación: delicados vestidos vaporosos y etiqueta, caballeros elegantes y parejas que mas que bailar volaban por los salones… ¡que estampa tan deliciosa!
Opereta: refinada y cómica… ¡encantadoramente superficial!…
Y tampoco ayudaba mucho ese mix de castellano y alemán en los parlamentos, salpicado de gracietas locales que tampoco me convencieron y mal contaron la historia de la venganza del notario.
Se apuesta por lo histriónico y aparece lo chusco.
Si ya es difícil cuando profesionales de la escena lo tratan… que más puedo decir.
Vocalmente… bien hubiese podido ser un segundo reparto:
El trío de barítonos bastante pobre, Gabriel Bermúdez escaso de voz, Peter Edelman que quiere ser el elegante Falke organizador del enredo, pero no llega y el Frank de Martínez-Castignani pasa sin pena ni gloria debatiéndose entre el canto y la actuación, mas en esta que en aquel, sin llegar a ninguna de las dos cosas.
Y si los barítonos no me gustaron, que son los que habitualmente me ponen, el dúo de tenores me dejó fría: unos colores de voz bastante feos.
Las chicas, sin apasionarme mucho, me gustaron más.
Encontré a la Cantarero bastante chillona, no la recordaba así de una Norma en Bilbao, pero me gustó en las czardas, a la travestida Orlofsky demasiado sobreactuada pero poco hastiada, Reiss correcta y Rocío Martínez que sin ser una gran voz hizo una Ida bastante atractiva.
Ana Nebot, que jugaba en casa, se hizo con el respetable sacando adelante y muy dignamente la Manon y Alejandro Roy que aunque tiene el agudo, en el centro, la voz se queda atrás obscura y para mi gusto bastante fea.
La orquesta, el maestro Hull y el coro como el resto…
Capitulo aparte merecerían las bailarinas… ¿odaliscas?
Al final voy a tener que darles la razón a mis chicos:
Creo que ayer en el Campoamor vi un bicho.
