Hay que tomar "Turandot" como un cuento infantil, una historia fantástica y sin grandes pretensiones a la hora de traducirla en una ópera. Sucede que Puccini es un genio absoluto, y un músico que cuando componía "pintaba" situaciones y personajes como pocos han hecho en la historia de la lírica, y "Turandot" encima es su obra más madura: una obra maestra, de las mejores óperas de repertorio, pero que al fin y al cabo versa sobre un "cuento chino", y nunca mejor dicho.
De hecho, yo la producción que mas he disfrutado de esta ópera es una que vi en Zurich, firmada por Giancarlo del Monaco. A los más puristas no les gustaría nada, pero a mi me fascinó la idea y creo que casa muy bien a la hora de exponer la naturaleza de la princesa del hielo de la que hablais. Todo parece normal, muy clásico, pero se describe estar todo en una China rancia, muy sometida, la gnete viste toda de una especie de prenda oriental uniforme azul, todos están sometidos al emperador y su régimen, duros y fríos.
Pero irrumpe "Calaf", un personaje misterioso, desconocido, que viene de otro lugar, y de otro tiempo. "Calaf" aparece con gafas de sol, chupa de cuero negra, y vaqueros, y con la barba de tres días. Fuma. Mientras la gente canta alabanzas al emperador y la princesa, todos firmes y en actitud reverente hacia ellos, él está por ahí, paseandose muy chulito, se echa su cigarrito.
Fantástica resolución de los tres enigmas, ya que se saca un portátil, y cuando le son planteados, encuentra respuesta fácil con su ordenador, un elemento que perturba y sorprende a los que andan por ahí, que incluso se lo tratan de quitar pero no lo consiguen tras algun forcejeo entre él y los tres consejeros, y Calaf cuando se queda con el pc, les hace la "mirada del tigre": fue un momentazo genial.
Y lo mejor llega al final, cuando Calaf desvela su identidad y entonces la princesa cae a sus pies, y se desmorona toda la ranciedad de la China cerrada y sometida. La princesa deja de ser ese pedazo de hielo con mala uva, y pasa a conocer el amor, y todo el pueblo pasa de ser un acervo de sometidos a un regimen duro, a conocer el mundo y que este se les abra. Sus nuevas vestimentas pasan de ser esos tristes kimonos azules y ahora visten ellos con variados y elegantes trajes o smokin y ellas cobran belleza con diferentes trajes de noche, tacones, bien peinadas, maquilladas y arregladas. Y la princesa y su amor se citan en una cena romántica a bordo del barco que pasea por el río Hudson disfrutando de la espectacularidad de New York de noche; a ella la despojan de sus antiguos y pesados trajes de palacio, y está espléndida con un traje de noche rojo.
Una princesa que nació y creció en un régimen estricto y agresivo, y que gracias a conocer el verdadero y libre amor, descubre un mundo nuevo, hasta podríamos decir que descubre lo más bonito que conlleva una democracia moderna versus una rancia dictadura. Y eso arrastra al resto de la población.
Creo que ustedes están hablando en cierta manera de esa transformación del personaje, que va más allá de un simple enamoramiento. El amor la enaltece, la descubre, y ella y su padre permiten a los que le rodean descubrirlo.
Más allá se podría leer la vision de Del Monaco, siendo un poco tremendistas, como un canto al triunfo del capitalismo sobre los fuertes comunismos de antaño, pero creo que eso es ir mucho más allá de un puro cuento, que creo que es lo que es, y al fin y al cabo Calaf es un personaje misterioso, desconocido, extraño: Del Monaco explota a base de bien dicho misterio.
A mi me encantó la idea... y para colmo, imaginen qué cantante puede hacer mejor de chulito con gafas de sol, fumando y haciendo miradas de tigre que el que ahí hacía de Calaf: más facil de adivinar, imposible

Ya sé que me repito mucho, pero ¿Te imaginas a papá Del Monaco haciendo ese Calaf de su retoño?¿No lo correría a guantazos? Sí, ya sé eran otros tiempos...