mitchum escribió:
Puede resultar fallida porque haya a quien le moleste la demonización eclesiástica, pero incluso dentro de su falta de rigor, creo que mantiene una lógica. La polémica copa de vino que Tosca arroja al crucifijo tras asesinar a Scarpia se entiende como un acto de despecho por una santurrona que ha visto con sus propios ojos cómo uno de los representantes de Dios en la tierra ha intentado comprar sus caricias, cómo su fervor y dechado de buenos gestos hacia la Virgen no han valido de nada, y que ha tenido incluso que hacer algo tan poco cristiano como asesinar por la incomparecencia de la deidad que ella adora. Esa renuncia a la religión, esa frustración es la que mueve a la beata Tosca a tal afrenta
Hummm... No sé, no sé... Yo no plantearía tanto el problema como un rechazo al anticlericalismo de Espert y al supuesto sacrilegio que supone lanzarle vino a un crucifijo —gestos que, a lo mejor han molestado a algún espectador—, cuanto que ambos elementos rompen, por completo, la lógica interna de los personajes, la de la obra y simplifican su riqueza de matices. Vamos a ver.
La visión tan negativa y siniestra que se da de Roma y de la Iglesia a través del montaje es un efecto completamente consciente y buscado por la Espert, cuyos planteamientos anticlericales —que ciertamente están ya en la ópera e incluso en la obra original— quedan expuestos de manera patente y parecen predominar por encima de cualquier otra consideración o matiz. De hecho, en el vídeo promocional que el Teatro Real está emitiendo durante estas representaciones, la actriz española declara abiertamente que su intención es poner el dedo en la dialéctica libertad personal/autoritarismo de la Iglesia y en la fusión/confusión entre poder laico y poder eclesiástico. Ello da como resultado una simplificación de trazo hueso de ese contenido anticlerical implícito en el argumento de la propia ópera, que nada ayuda a la correcta comprensión de una obra caracterizada por la brillantez de la acción dramática, el inteligente efectismo teatral y por un libreto en el que aparecen engarzados hábilmente la pasión amorosa y la intriga política, dentro de un marco histórico —el de la Roma inmediatamente posterior a la victoria de Napoleón en Marengo (junio de 1800), en la que se enfrentan republicanos y realistas— que Espert no consigue caracterizar correctamente (me parece a mí).
Por otro lado, los siniestros, tristones, aburridos y feistas decorados de Frigerio —guiado, imagino, por la concepción global de la española— chocan de lleno con la realidad artística de aquella Roma. Porque si algo tienen los espacios históricos originales en que se desarrolla la acción de esta soberbia creación pucciniana no es, precisamente, la oscuridad y el tenebrismo. El alegre, trascendente y monumental barroquismo de la iglesia basilical de Sant'Andrea della Valle (decorada con luminosas pinturas al fresco), la serena y equilibrada belleza renacentista del Palazzo Farnese (con la suntuosidad manierista de su decoración interior) y la austera soledad y rotunda presencia de la mole pétrea del Castel Sant'Angelo son realidades arquitectónicas y plásticas que chocan de lleno con ese feísmo oscurantista por el que se han decantado Espert y Frigerio.
En cuanto al caso concreto de la actitud de Tosca después de darle matarile a don Vitellio Scarpia, con esa innovación —respecto de 2004 (gracias Arnold)— que supone arrojar al Cristo el resto de vino que bebía el lujurioso barón, es algo que veo fuera de lugar, francamente. Pero no por una reserva de tipo religioso. Estamos, de eso no cabe duda, ante un gesto de despecho con el que se quiere dar a entender que la cantante ha decidido romper con Cristo por el sufrimiento que Éste ha permitido que padezca durante aquella noche a manos de Scarpia. Y aunque es cierto que se trata de una actitud que puede resultar efectista, parece absolutamente ilógica, pues choca por completo con la coherencia psicológica del personaje a lo largo de la obra: Tosca es una mujer impetuosa, ganada por la voluptuosidad y que vive "en pecado" con su amante, ciertamente; pero, a pesar de todo, es muy, muy piadosa (francamente, yo no la veo como una santurrona) y una fiel católica. No es creíble, por tanto, que actúe así.
Conste, después de esta larga peroración, que tampoco me considero un gran amante de los montajes que se permiten el lujo de enmendarle la plana a los autores originales. No estoy en contra de las innovaciones, por supuesto, pero siempre que demuestren inteligencia y, sobre todo, respeto por la obra original. Siento ser tan carca.
Pero vamos, que todo da un poco igual, pues Espert nunca me pediría consejo a mí y, además, ha hecho lo que ha querido...
Saludos.