"Experiencia positiva" o "El público de Madrid se hace culto" serían adecuados titulares, en mi opinión, despúes de haber asistido ayer la maratoniana sesión de Saint François en el Madrid Arena.
Tras una visión en DVD y otra en vivo no me cabe duda que estamos ante un obrón. Con altibajos, con problemas derivados de la escasa o inexistente acción teatral, pero ante una gran creación de un gran músico, pero no un gran hombre de teatro.
La duración de la obra se me antoja indudablemente excesiva. Pienso y lo he dicho siempre, que una película o una ópera, que duren más de 3 horas o 3 y media

tienen que ser algo excepcional y muy justificado. Más en este caso, ya que la obra es un oratorio, no una ópera, sin apenas acción. Una obra estática, contemplativa, con una orquestación increíble llena de sonoridades fascinantes. El autor, un caso de genio consciente de serlo (a la Wagner-cuyas resonancias escuchamos al comienzo del acto II, cuando el Angel llama al portón del convento einmediatamente se nos viene a la cabeza Fafner y el acto II de SIgfrido) se recrea, incluso busca la grandilocuencia en algunos momentos, mostrarnos la mayor cantidad de minutos de su genialidad, hasta enseñarnos que es un señor que se lo sabe todo sobre ornitología.
El acto I y III (este menos, porque ya estás cansado de la larga velada y en día de diario) me parecen muy disfrutables, y no se me hacen más largos o pesados que, por ejemplo un Meistersinger (opera llena de bellezas -algunas sublimes-pero que, completa se me hace cuesta arriba)y no digamos un Pelleas, ópera con la que no puedo. El acto II que contiene momentos fabulosos se hace eterno e inexplicablemente estirado en su detalladísima lección de ornitología.
Fabulosos coro y orquesta y magnífica labor de Cambreling. Plano y monocorde el Saint François de Marco Burmeister, de material gutural, leñoso y sin esmalte. De mucha mayor calidad la voz de Randle. La Tilling, monísima y con buena figura (algo andrógina) con vocecita muy ligera, insustancial, strillata, pobretona y monócroma entona las monodias de sus bellísimas intervenciones con musicalidad, corrección y algunos agudos estridentes y atrás, aunque no me la imagino en papeles de gran repertorio o repertorio tradicional.
Impecable la actitud del público, que acudió en gran número. EN el primer acto las deserciones fueron escasas, siendo mayores tras el segundo, pero no excesivas, quedándonos muchos a aplaudir la obra e intérpretes. Esperemos recibir la "bendición cultural" de Monsieur Mortier.
Un éxito, que va a ser lo mejor del año junto a Rosenkavalier.
No tengo problema en reconocer el acierto, en este caso, del belga, sin perjuicio, obviamente, de que siga pensando que resulta muy negativo al frente del Real.