|
Creo que inconscientemente tendemos a pensar (y tal vez con mayor razón cuando amamos la ópera) que la historia de la música empieza en Monteverdi y acaba en Alban Berg (cuando la música ni empieza ni acaba en ninguna parte). Y todo lo que queda fuera de esos bordes tiene siempre un poco "las de perder". Por eso tenía claro que quería presentar o algo "antiguo" o algo "moderno" (como tan bien han hecho Elvira y EM).
De la pieza que propongo me gustan muchas cosas:
- Es una canción pero también es muy operística. Fijáos qué hermosamente, y qué dramáticamente (en el sentido de "acción") están entrelazados voces e instrumentos: Llóralo el rey y la reina: voz masculina y voz femenina Llóranlo todas las damas: voces femeninas, cuerdas punteadas Los galanes con sus lágrimas decían: voces masculinas, vientos.
Estamos completamente en el mundo monteverdiano de L' Orfeo, donde la instrumentación no es mero acompañamiento sino decorado sonoro: un tipo de orquestación para el bosque, otro muy distinto para el infierno.
- Me encanta la solemnidad con la que empieza, y cómo avanza, con ese ritmo de pasacalle desconsolada y regia. El principo, curiosamente, me sugiere el alba. Pero no: es "la medianoche". Es esa España eternamente nocturna del Don Giovanni, y es cierto que en su austeridad y su sentido trágico está más emparentada con lo teutónico-protestante que con lo mediterráneo. Para mí, tanto el detalle de que sea a medianoche cómo el que se dé la fecha (27 de marzo), me hacen pensar que, o bien está basada en un hecho real (que ya ha quedado para siempre plasmado, congelado), o bien su autor es un genio. Pues situar una escena como ésa en medianoche me parece, si está inventado, simplemente genial.
- Hay algo en la canción que me lleva a Händel, a Purcell: a esos momentos de absoluta introspección donde "sólo nos quedan las lágrimas". Son nata a lagrimar, piangerò la sorte mia, let me weep. En la canción no se hace otra cosa que llorar, en silencio. Pero, así como en Purcell, en Händel lo que normalmente vivimos es un personaje que llora en soledad (el canto se transforma en llanto), lo que aquí tenemos es un dolor colectivo. Siempre, cuando muere alguien, tras llorar a solas, llega un momento en que tenemos que llorar con los demás. Es necesario. Eso es lo que se canta aquí: indudablemente se trataba de alguien muy especial. Ha desaparecido.
- Me emociona que, conforme va avanzando el cuerpo de Don Manrique de Lara, cubierto de pedrería, con sus escudos de "real genealogia", sucesivos grupos de personas lo lloran: parece que hay como una gradación. Y quién se halla al final de la música, al final del poema? "El que más le quería". Su padre. Descubrimos entonces algo que cambia retrospectivamente lo que creíamos saber. Se trata de la muerte de alguien muy joven. No sólo era "el mejor de los mejores", sino que además era probablemente un adolescente casi. No sólo ha muerto una persona, sino que ha muerto la juventud, con toda la injusticia, con todo lo que eso supone. Que los hijos entierren a sus padres, es ley de vida. Que un padre entierre a su hijo, es trágico.
-Y es al padre a quien le corresponde el último pensamiento: "que aunque la vida muriese su memoria quedaría." Efectivamente. La canción acaba en esa Barcelona mítica, iluminada como por un incendio gigantesco, con la única constatación posible y con el único consuelo: la muerte pasa, el recuerdo queda, la vida continúa.
_________________ L' Incoronazione di Poppea
|