Me he leído de nuevo la interesante conversación y veo que estamos hablando de dos cosas distintas.
Una es la importancia de la escena en la historia de la ópera y otra la importancia de la escena en la experiencia artística que obtiene el espectador de ópera.
Respecto a lo primero es imposible negar que la escena es una parte esencial de la ópera, que está en su nacimiento y que determina la evolución del género. Sin la escena, si la ópera se hubiera compuesto para ser siempre una versión de concierto, la historia habría sido muy distinta. La escena -la actuación física de los cantantes, los decorados (hoy escenografía), los efectos especiales (piensen en los estrenos de algunas óperas barrocas, Rinaldo es un buen ejemplo, como dije antes)- es crucial en la evolución del género. No concretan la acción sino que hacen que el compositor componga para la acción, porque la ópera está pensada para un escenario. Hay que hacer un esfuerzo, pensar en el siglo XVIII, en el público que iba a la ópera. O en los teatros de París de los años 30 del XIX. Imaginen la música del concertante final del II Acto de Hugonotes en un salón. La clave es que nunca nadie ha compuesto una ópera para un concierto, siempre se ha compuesto pensando en que eso iba a ser escenificado (algunas veces incluso los compositores han intentado definir al máximo las condiciones escénicas de la representación), y eso ha tenido consecuencias en la forma de componer, en los temas elegidos, en la forma de tratar la acción.
Siguiendo con la metáfora de antes, la escena no es la guinda sino la levadura del bizcocho. No da un sabor nuevo (no hasta este siglo), pero ha multiplicado las posibilidades de la historia del género.
Es en lo segundo donde entramos en el corazón de la discusión. Y aquí sí que no se puede ser positivista, porque cada espectador tiene una experiencia artística diferente. Cada espectador disfruta de lo que le es más afín en una representación. Conozco personas que no tienen sensibilidad visual, que nunca se han emocionado con un cuadro, una escultura o un espacio arquitectónico. No pasa nada, yo no tengo muy desarrollada la sensibilidad puramente auditiva, abstracta, no suelo escuchar sinfonías ni música de cámara ni cualquier otro tipo de música que no lleve acompañada una dramaturgia explícita. Culpa mía, que subsanaré o no, pero no me voy a inventar una historia de la música a la medida de mis intereses o de mis faltas de interés. Sólo hay una vida y hay que reconocer las propias limitaciones.
Los nuevos soportes del siglo XX han permitido tener diferentes experiencias. La grabación permite disfrutar del libreto, la música y el canto, separados del espacio natural de la ópera, pero es un placer que no existía en los 300 años anteriores del género. Es una forma de relacionarse con la ópera totalmente nueva y ha demostrado que se puede tener una experiencia intensa con ella. Y aquí es donde no hay que confundir ambos ámbitos de la discusión, como hace delaforce: que se pueda disfrutar de una ópera sólo escuchándola no significa que la esencia sean sólo los elementos auditivos. Sencillamente porque si durante los 400 años de historia de la ópera se hubiera compuesto sólo para grabarlo en un CD y escucharlo en casa, las óperas que conocemos no serían como son. No serían un bizcocho esponjoso, sino unas tortitas.
La ópera es un acto de comunicación. Y como toda comunicación es flexible. Una misma persona puede experimentar cosas distintas con la ópera, dependiendo de las circunstancias. Yo mismo me relaciono de forma distinta con la ópera cuando escucho un CD que cuando veo un DVD que cuando voy a un teatro.
Personalmente (y esto es ya mi experiencia, que no es un modelo de nada) nunca he sentido nada parecido a lo que, en tres o cuatro ocasiones, he experimentado en un teatro de ópera cuando todos los elementos se han juntado a la perfección y se han multiplicado. Nunca he sentido algo tan intenso escuchando un disco, en una versión concierto o sentado en una localidad ciega, y eso que he disfrutado de las tres maneras. Y repito lo que ya he dicho en alguna ocasión. Puede que eso que he sentido esas cuatro veces no se llame ópera (a juzgar por lo que leo de aficionados a los que tanto respeto, puede que así sea), pero sé que eso es lo que busco con sed siempre que voy a un teatro, que esa mezcla de todos los elementos es lo que estimula y alimenta mi afición.
delaforce escribió:
Pero el hecho de comprar CD's y escuchar por la radio, lo que pone de manifiesto es que ni ustedes mismos se creen lo que predican.
Yo no predico nada. Y es que no entiende mi postura porque usted ve la ópera como un arte del que sólo se puede extraer un tipo de experienca artística. Sólo hay una forma de disfrutar de la ópera. Si no se baja de ahí, entiendo perfectamente que todo lo que digo le suene a pose, a autoconvencimiento, o a autoengaño. Qué quiere que le diga, no tengo mucho más que añadir.
