Yo asistí a la función del día 3 y, para empezar, dos cosas muy positivas: volví a constatar que mi salud es infinitamente mejor que la media y me lo pasé bien, hubo cosas que no me gustaron, pero pude disfrutar la velada.
Lo peor, la dirección de escena y la escenografía. En la primera parte, Charlotte rechazaba los (excesivos) intentos de acercamiento de Werther con más asco que recato y, a lo largo de toda la obra, el único refugio para los sentimientos de los protagonistas eran las frías paredes (lógicamente porque había poco más). Tanto sentimiento en un marco tan frío se da de tortas, aunque pretenda mostrar la opresión a la que están sometidos los personajes, me parece absurdo, puesto que no hay mayor demostración que el suicidio del protagonista, ya está contado en la historia.
En cuanto a las voces, como Bros no me gustó nada de nada en Rigoletto, debe ser que me lo esperaba peor todavía, pero el caso es que fue el que más me gustó. En general, entregado, en esa su eterna lucha consigo mismo (como sobreesforzado, digamos). El Pouquoi tuvo un comienzo prometedor, pero el primer agudo no le salió y a partir de ahí, el descontrol. La parte de la muerte, a ratos con bastante gusto.
La Koch, fría no, lánguida, sosa y más muerta que Werther muriendo, no despertó hasta la escena de las cartas, los paseos en plan beoda que le hacen dar a una dama respetable como Charlotte en busca de Werther, absurdos y fuera de lugar.
Ordena, para mi gusto, con un vibrato tembloroso hasta el punto de hacerse molesto. La visión de su personaje tampoco me gusto nada: es necesario que parezca alguien a quien temer?
La Toledano no estuvo mal, pero tendría que aplicarse mucho más con la dicción.
Los otros dos cansinos, cumpliendo.
Massenet, maravilloso

, sostenido en una orquesta que solo lograba cogerle el punto en contadas ocasiones, pero alguna hubo.
En fin, que sin euforias, he pasado tardes mucho peores que esa...
