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Ayer tercera del Elisir, me tocaba a mí. habiendo leído previamente las ya tres páginas de comentarios, me pude fijar bastante en lo manifestado por todos. Mi impresión ha sido muy positiva.
Puntos a favor, muchos: Ramón Vargas, Aleksandra Kurzak, Capitanucci, el coro, la dirección escénica, montaje.
Puntos en contra, dos: La dirección de orquesta, Erwin Schrott.
Ramón Vargas, me pareció excepcional: Compuso un Nemorino ingenuo, nada bobalicón. Elegante en el fraseo y en el ritmo. Quizás el suyo no sea un Donizzetti estilísticamente puro, ya que el Elisir (con Lucía) se ha cantado muchas décadas por tenores cuyo caballo de batalla eran Verdi y el verismo, pero aquello era Bel Canto. Lo encontré cómodo en todos los registros, un tenor lírico excepcional. La dinámica de la voz fué natural, apianando donde tocaba y nada efectista. Control increíble de la respiración: el final de la "furtiva lácrima" me pareció increíble. A mí me saltaron las lágrimas en el aria: logró el momento mágico de suspensión total. De acabado NADA DE NADA.
Aleksandra Kurzak: Excelente y honesta soprano. Rehuyó el efectismo e hizo gala de un registro alto y de una coloratura impecable y prodigiosa. Vocalmente hizo una Adina contenida, nórdica y sin amaneramientos. Pero lo suyo también era Bel Canto real. La voz tiene un timbre muy bello, aunque le falta volúmen. Por esta causa fué la principal víctima de los excesos orquestales. Excelente el "prendi, per me sei libero", realzando un aria que siempre compite en inferioridad de condiciones con la del tenor. Tenía muchas ganas de volverla a escuchar, ya que previamente la ví como Blonde en el Met. Y en el registro grave pierde mucho, como otros han señalado, cosa que no pude apreciar en "El rapto".
Fabio Capitanucci compuso un Belcore de muchos quilates, en un papel muy desagradecido. También elegante en el fraseo ,el sentido del ritmo , fué el más genuinamente radicado en la tradición. El trío del primer acto con Adina y Nemorino, (cantando en la ducha) fué vibrante al reunir a los tres artistas ( con el coro). También dejó su impronta en los dúos (gracias a Dios). Me he quedado con las ganas de escucharlo en algún papel belcantista más sustancioso. Debe de hacer un gran Fígaro.
Ilona Mataradze hizo una gran Gianetta sacando relieve a un personaje secundario, como ya lo hizo en Manon. Voz con un centro de timbre precioso, y potencia, está ya para mayores empeños.
El Coro es un gran valor del palau de les Arts, y anoche cantó como nos tiene acostumbrados, conjunción perfecta y dinámica certera, pero esta vez con una actuación soberbia y desenfadada, al tiempo que tendían las toallas, se tomaban las cañas ,jugaban al voleibol o bailaban ...Un lujazo. El coro femenino, en la musicalmente anodina escena en la que se enteran de que Nemorino hereda, logró convertirla vocal y escénicamente en uno de los grandes momentos, a lo que ayudó mucho la idea de la dirección escénica de incorporar el baño de espuma y el tobogán hinchable.
El montaje y la Dirección escénica me fascinaron. Sin un segundo de reposo, toda la escena simultaneaba varias acciones en paralelo, a cargo de solistas, coro y figurantes. Detalles ocurrentes e ingeniosos por todos lados. Que no buscaban la risa, sino la sonrisa cómplice. El detalle del helado que a mi hermano gigante le ha gustado poco, a mí me parece justificado como una maniobra del inocente Nemorino de apartar al moscón (no a Belcore), con lo primero que pilla de su saco. Mi "Elisir" previo fué espantoso escénicamente en la berlinesa "Unter den linden" (con Villazón antes de su debacle) y quizás tuviera el listón bajo. Daba alegría de vivir y explicaba con ojos actuales la simple historia. Fresca y tersa. Todos actuaron con convencimiento y sin exageraciones, con un movimiento escénico verdaderamente complejo y turbulento.
BUENO: TODOS NO
He dejado para el final al Dulcamara de Erwin Schrott. Vocalmente, envió al traste todos los valores del Bel Canto. Destrozó los ritmos, pegó pepinazos sin sentido, respirando cuando le daba la gana, declamando o aullando a su criterio. Perdió toda la elegancia. Su Dulcamara fué un histriónico camello cantado como si fuera Scarpia. Si aquello era Donizzetti, Fafner es Suor Angélica. Intentó (y no consiguió, lo cual dice mucho del público del Turno ) erigirse en la estrella de la noche, rompiendo la línea de canto de sus compañeros de reparto.
El caso es que tiene una voz bonita y potente. Pero lo suyo es más grave porque buscaba el efectismo facilón en forma consciente y descarada. Creo que esto es una consecuencia del "star system" mediático. El chico tiene un físico que remueve instintos terrenales en muchas féminas, y lo explota. Con años de estudio y una carrera honesta e inteligentemente planteada, podría ser un gran cantante. Pero para mí, al contrario de Grigolo, que creo que hace esfuerzos positivos, el Sr. Netrebko es caso perdido. En los dúos estuvo mejor por tener que contenerse al menos un poco con sus compañeros de reparto.
De todas formas, yo no sé si toda la culpa fué de él. Convirtió Dulcamara en un "macarra playero", y lo hizo muy bien escénicamente, como macarra 100%. ¿De quién fué la idea? ¿Suya o del Director de Escena Michieletto? ¿O quizás éste último le dió permiso para pasarse cuatro pueblos? Porque insisto que salvo Dulcamara, todo el resto de la producción me pareció fascinante.
También le dejó Wellber hacer musicalmente lo que le saliera de ... La orquesta sonó bien, porque es una buena orquesta, pero aquello no era Donizetti. Wellber "soltó los caballos" a su manera en más de una ocasión, sobre todo tapando a Kurzak en más de una ocasión. Por los contratos futuros que anuncia, Toscas y Trovatores a mansalva, parece que a nuestro nuevo titular le va la marcha. Está claro que Donizzetti no es lo suyo. Quizás por eso Dulcamara fué un Scarpia macarra.
En síntesis, repito: No se la pierdan, porque hay mucho de bueno y positivo. Sólo por Vargas ya vale la pena. Y cuando salga Schrott, pues relájense porque es otra obra completamente distinta.
_________________ Prima la musica, poi le parole
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