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En mi opinión, la ópera comercialmente está muerta por dos razones:
-A lo largo de los siglos XIX y XX, se produjo un progresivo alejamiento entre el compositor y el público. El compositor belcantista es artesano, es decir, compone para el público: Donizetti escribía para gustar. Wagner olvida al público y pasa a componer para sí mismo. El objetivo del compositor ya no es el éxito del público, sino la calidad, y puesto que el compositor no vive del éxito, ya que recibe subvenciones (en su caso la subvención se llamaba Luis de Baviera), olvida progresivamente los gustos del pueblo, haciendo que su música sea solo disfrutable por una minoría. Para mí el último compositor-artesano fue Puccini, y con Turandot murió esa concepción de lo que generalmente llamamos ópera. (Ojo, cuando digo artesano no digo que su arte sea inferior o superior al de un compositor que compone para sí mismo. Como todo, hay bueno y malo). Los actuales compositores de ópera buscan crear grandes obras, no gustar al público general (y muchas veces ni siquiera al público de ópera), y eso es clave en el poco afecto de la mayoría por la ópera contemporánea.
Por supuesto que la división de los grandes compositores entre artistas y artesanos es un tanto arbitraria, pero creo que se entiende a qué me refiero.
-Micrófonos: los micrófonos han introducido una nueva forma de cantar, mucho más cercana al habla natural. Se puede susurrar al micrófono, y se seguirá oyendo, por grande que sea el lugar. Esto ha hecho que el común de la gente deje de apreciar el canto operístico, por considerarlo afectado y artificial (es muy distinto del habla). Tampoco se ve con buenos ojos la potencia del cantante de ópera ("Están gritando").
También estoy de acuerdo enq ue ahora mismo se canta algo menos que antes. La gente antes cantaba cuando hacía sus actividades, ahora la música ha pasado a los auriculares. Pero hay algo que sí que no habéis mencionado. Que sí que existe una ópera que se escribe para gustar al público y ha abandonado el uso de la voz natural. Se llama musical, y goza de gran salud comercial (no hay más que caminar por Londres...). SIn ir más lejos, el otro día en Albacete un grupo amateur montó un musical y el teatro estaba lleno. No importaba que la música fuera penosa y el libreto infame, la gente al final se quedaba con el estribillo de una de las canciones, y eso era lo que recordaban. Por supuesto que fue un éxito. Porque al común de la gente no le importan las dramaturgias profundas o las sutilezas vocales, sino alguna musiquita pegadiza, ritmo rápido y, si es posible, espectacularidad en escena (el montaje estaba muy muy logrado).
Por otro lado, la ópera culturalmente está en un momento espléndido: se reviven nuevos repertorios, se abren nuevos teatros, ciertos directores de escena y musicales, determinados cantantes, Internet... Creo que no hace falta que lo justifique.
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