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Yo estuve en el estreno de Tosca en la Scala el pasado 15 de febrero y, efectivamente, se lió una buena entre el patio de butacas y el loggione. Esta Tosca está siendo de lo más polémica. Como titula la prensa italiana La Tosca infiamma la Scala. Ese teatro de ópera seguiramente sea el más importante del mundo, y claro que hay turistas, la Scala es un icono mundial de Milán, desde luego, pero también hay los no turistas, los que realmente saben de ópera, por supuesto que también están. La función ya empezó “calentita”, había cuatro cantantes enfermos, estaba con gripe hasta el apuntador. No estrenó Jonas Kaufmann, tampoco Oksana Dyka, tampoco pudo cantar Marco Berti. Así que la prima de Tosca la cantó Aleksandrs Antonenko, que también debía tener gripe aunque él no lo sabía, porque cantaba con la voz totalmente entubada, y engolada. Tosca fue Sondra Radvanovsky, cuyo Vissi d’Arte consiguió más o menos reconciliar al público con la función, porque fue totalmente conmovedor y yo lo acabé al borde de las lágrimas. En los entreactos se “mascaba la tragedia”, la gente estaba muy muy descontenta, la orquesta tibia, tibia, el cast principal enfermo, menos Lucic, que no estaba teniendo una noche especialmente inspirada. El final, a los cantantes unos aplausitos moderados, al menos habían salvado el estreno, pero cuando salieron los responsables de la producción, ¡qué abucheos!. No puede ser más fea, más horrorosa, clásicona y demodé, ya viene siendo muy contestada en el MET y en Munich. Los abucheos duraron un buen rato y aquí había concierto entre el loggione y el patio de butacas, todos coincidían en que aquello era de teatro de octava regional. Pero cuando salió el joven Weller, los del loggione se pusieron a abuchear con una fuerza enorme, estaban realmente indignados, he de decir que, a mi juicio, no les faltaba razón, Tosca no podía sonar tan anodina, tan no fu ni fa, tan sin tensión, tan tachán, en la Scala de Milán. Pero abuchaba el loggione sólo, y un señor del patio de butacas se encaró con ellos y empezó a gritar él sólo diciendo que el loggione estaba destrozando la reputación de la Scala, que el director era magnífico y les llamó buffoni y que se fueran del teatro, los del loggione le llamaron también varios improperios en italiano, el resto del público estaba alucionado y los cantantes en el escenario sin que nadie les hiciera caso, y aquello duró un buen rato. Eso, de lo que fui testigo, el día del estreno, y me parece que todas las funciones están siendo igual de polémicas.
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