Carl Tunner escribió:
Gino escribió:
Estilo de corto recorrido y excesivo, agilidades impecables pero ametralladas

, grave uterino...
¿Están seguros de que hablamos de Marilyn Horne?
Yo también flipo.
De grave uterino, nada. Grave de pecho. La única manera de que el grave "suene". Un grave, artificioso, si se quiere, pero perfectamente construido,apoyado y planificado con enorme sabiduría y técnica, como toda su construcción vocal y su línea de canto. A diferencia del de una Báltsa por ejemplo, exagerado, desgarrado y que daña la sanidad y organización vocal. Por eso la Horne duró lo que duró (mucho).
Lo que no había era homogeneidad, lo cual es imposible cuando se tienen más de dos octavas y media de extensión. Si leemos las crónicas "ottocentescas", las cantantes que detentaban semejante amplitud, adolecían de falta de homogeneidad.
Una cantante histórica y a ella es la que quiero como Rinaldo y demás papeles barrocos destinados a castrati y no a contraterrores.
Y que se hable de agilidades "ametralladas" y "gallináceas", cuando luego se vuelven locos con la Sra. Bartoli... de traca

Exactamente y además de la falta homogeneidad, había cierta aspereza que se fue acentuando. Pero en Horne el uso de la resoncia de pecho, a veces excesiva, no era gratuita ni indiscriminada como en tantas cantantes de su cuerda. Horne empleaba esta resonancia en los solos "guerreros" de los personajes de contralto "musico" (travestido). En los pasajes íntimos de melodía tendida emitía los graves "mixtos", con equilibrio entre resonadores. Sabía por tanto cantarlos con morbidez y en cambio decidía recurrir a una emisión más potente cuando musicalmente tenía sentido. Esta elección musical y estilística nos habla de alguien de un talento poco común. Creo que está clara en esta página del Romeo de Bellini, donde la resonancia de pecho aparece con mucha mayor nitidez en la agresiva cabaletta.
http://open.spotify.com/track/1W3k0ZAy4XFBvgZqR8BgxpDe todas formas entiendo que estos sonidos tan "poitrinées" causen cierto estupor. Para entendernos: estaban bien emitidos, nunca fallba el apoyo y la continuidad del sonido era ejemplar. Basta escuchar como pasaba de estos graves al resto de la tesitura: no existía fractura. El problema es que era sonido extraños, desconcertantes en una mujer. Pero pensemos que era esa ambigüedad precisamente la esencia de la fascinación del contralto.
En cuanto a la coloratura me limito a decir que la mencionada aspereza de su timbre hacía que a veces algunas volatas no fueran precisamente bellas. Esto es todo. Casi me atrevería a desafiar a cualquiera a encontrar un solo ejemplo de Horne reproduciendo agilidades por medio de ayudas ilegítimas de la garganta o la boca, que es lo que se reprocha a Bartoli.