Los que se precien de aficionados a la ópera no deberían perderse un título mítico como éste, asociado desde siempre a las grandes figuras del canto que en el mundo han sido, sean tenores, sopranos, mezzos o bajos. A saber cuándo la volveremos a ver por estos lares, si hacía más de 80 años que no se escuchaba en Madrid... Con semejante cadencia, supongo que hasta la próxima aparición del cometa Halley, por lo menos.

Esto sí que es un acontecimiento operístico, y no las paparruchas que nos venden habitualmente.
Por todo ello, y por la obra en sí, que es fascinante, tengo que confesar que hacía mucho tiempo que no iba al teatro con tantas ganas y con tanta emoción contenida. Y tengo que reconocer que me lo pasé bien. No todo fue perfecto, pero hubo muchas cosas para disfrutar. Resumo para no enrollarme demasiado.
Eric Cutler cumple sólo una de las facetas que pide el personaje. En los momentos de canto recogido y esfumado es muy convicente porque sabe cantar con gusto y con exquisiteces. Lo mejor por ello, su aria de salida, donde además la orquestación reducida al mínimo, le permite desfogarse sin obstáculos. En cambio, en los momentos de arrojo y de canto desplegado, se pierde por completo, como por ejemplo en el septeto del duelo, que quedó convertido en sexteto.
La Señora Massis tiene el mecanismo desengrasado, y ella lo sabe, porque su inseguridad y su inquietud le delatan. En su aria hubo de todo, desde lo excelente hasta lo impresentable. Momentos de lucidez y otros en los que la retahíla de notas y de escalas le superaban y ni ella misma sabía por dónde andaba. Además, y por lo visto, la Señora va de diva. Dos detalles: mantuvo su agudo al final del segundo acto hasta lo antimusical, con tal de superar y dejar en evidencia a su compañera. Y fue la última en salir en los saludos finales. ¿Por qué?...
Karin Deshayes (Urbain). Cuando abrió la boca llenó de luz el teatro, pero el hechizo duró poco. La voz es muy buena, con un centro de terciopelo espectacular, pero el arte de canto está basado en el músculo y la fuerza bruta.
Y dos sorpresas muy agradables: la soprano Di Giacomo y el bajo Ulyanov. La americana es otra voz bien dotada, con mucha chicha en el centro y muy buenos graves emitidos con mucha naturalidad. El agudo, en cambio, se “seca” un poco y vibra demasiado, pero todavía es muy joven y puede reconducirse. Y el bajo ruso es otro portento de voz, de auténtico bajo, sin mayores problemas ni arriba ni abajo, y de canto fresco y muy suelto. Da la sensación de que va muy sobrado… Esperemos que no se lo crea y que no se estropee.
Buena impresión también la del barítono griego Tiliakos, con centro sedoso y de canto suave, aunque a medida que asciende la cosa se vuelve más conflictiva. Todo lo contrario que Spotti, el clásico ogro asesino disfrazado de bajo. De los secundarios, mención para Pablo Martín Reyes en un papel complicadísimo pero de poco lucimiento, y para Atxalandabaso.
Magnífico Renato Palumbo, aunque la orquesta es la que es. Conoce la obra y la defiende con verdadero entusiasmo. Combinó los momentos de mayor espectacularidad y vigor (final del acto segundo y la escena de la consagración de las espadas) con los momentos de “perfume francés” (refinadísimo el envoltorio que le sirvió a la Deshayes en su momento solista). Y dio toda una lección en el gran dúo del acto cuarto, página conflictiva para orquesta y cantantes por los diferentes contrastes y por los continuos cambios de situaciones. Una pena que algunos de los solistas de la orquesta parecieran desganados en sus momentos de lucimiento, caso del viola y de la flauta. Mucho más inspirados estuvieron el clarinete y, sobre todo, el clarinete bajo. En cuanto al coro, mejor las chicas que los chicos, éstos sobre todo en el “Rataplan” anduvieron bastante perdidos.
Y un defecto generalizado fue la falta de “esprit” francés (consustancial a la obra) en el fraseo de todos los solistas. Teniendo en cuenta que la única nativa era Massis (aunque dada su dicción daba igual que cantara en francés o en bable) puede ser comprensible, pero convendría aplicarse más.