"Desconozco dónde puede tener el alma esta música"Hoy tenía cita para renovarme el DNI. He ido a la Calle Santa Engracia (de los pocos sitios que ofrecen horario de tarde) y, una vez realizada la gestión, me he marchado al Real y con una entradita de 6 euros sacada en taquilla (por tanto, sin comisión), he visto "La Página en Blanco"
Mi impresión se resume en la frase que encabeza este mensaje y que pertenece a su libreto.
En mi opinión, la calidad de un libreto de ópera se debe calibrar desde, por lo menos, dos perspectivas. El nivel literario intrínseco del texto y su fuerza dramática, su eficacia para conseguir momentos de tensión y clímax teatral.
Aquí se ha dicho que la mayoría de libretos de las óperas de repertorio son malos. Podría ser (aunque, habría que verlo y debatirlo) desde la primera perspectiva, pero
no desde la segunda. El de "La página en blanco" es un desastre desde ambos parámetros.
La música repetitiva, monocorde (ese sonsonete Chiuchiuchiurrú típico de las óperas contemporáneas elevado al cubo), agobiante presencia de una percusión exacerbada....
EL tratamiento de las voces, terrible. Muy bien explicado por Gouverneur. Una frase central que termina en un salto (en la última o dos últimas sílabas) a un agudo disonante y desabrido. Así, dos horitas, señores.
Y para remate, aparece un contratenor

que eso sí, tenía mucha más voz que Jaroussky.
En resumen, un soberano tostón, un aburrimiento sideral. La gente indiferente, adormilada. Creo que es lo peor que puede obtener alguién que estrena una obra. Quién estrena, en mi opinión, puede tener dos triunfos: El éxito indiscutible y unánime (raro, pero podría darse) y la situación en que la gente se marcha dando portazos, pero los que se quedan están entusiasmados y luego, el marqués Delaforce o demás amantes de la ópera conemporánea, les dedican un hilo.
En este caso: tibia, mortecina, aburrida, somnolienta y triste indiferencia. 4 aplausos de los 4 que no salieron corriendo con el último acorde.