En 1927, Erich Wolfgang Korngold estrena en Hamburgo, e inmediatamente despues en Viena,
Das Wunder der Heliane.
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Lotte Lehmann y Jan Kiepura cantan Heliane en Viena</center>
Siete años despues de
Die Tote Stadt y tras sus exitos anteriores se esperaba con ansiedad la opera. Sin embargo, tras una corta serie de representaciones, desaparecio en 1930 y desde entonces se ha podido escuchar en muy contadas ocasiones.
Heliane esta basada en un poema de un oscuro escritor expresionista rumano, Hans Kaltneker, titulado 'Die Heilige' (La Santa). Korngold se entusiasmo con el poema y le pidio a Hans Muller que escribiera el libreto.
El argumento es muy simple: En un lejano reino, un Tirano ha esclavizado al pueblo, a quien un Extraño trae pasion y alegria. Es apresado y sentenciado a morir al dia siguiente. La bella y pura esposa del Tirano, Heliane, acude a visitar al Extraño que se enamora de ella y le pide que se entregue a el. Heliane le rechaza, pero muestra al Extraño su cuerpo desnudo. El Tirano les sorprende y hace juzgar a Heliane por adulterio.
Heliane cuenta ante el Tribunal los hechos. El Extraño rehusa testificar contra Heliane. El Tirano le entrega un cuchillo a Heliane y la pide que se suicide, pero el Extraño le arranca el puñal de las manos y se lo clava en su propio corazon. El Tirano propone un juicio divino: si Heliane es capaz de resucitar al Extraño, sera considerada inocente.
Heliane, ante una multitud, se dispone a intentar resucitar al Extraño cuando se derrumba y confiesa estar enamorada de el. Condenada a muerte, el Tirano le ofrece el perdon si consiente en volver a su lado. Heliane le rechaza, es apuñalada por el Tirano y corre hacia el cadaver del Extraño, que se levanta de la muerte. El Extraño destierra al Tirano y bendice al pueblo. Heliane y el Extraño entran juntos al Cielo, unidos por el amor.
La obra es muy compleja musicalmente y con un argumento un tanto abstruso, cuando el publico esperaba tal vez otra cancion de Marietta. Pero la partitura es arrebatadoramente bella, tal vez peca de un exceso de ornamentacion en determinados pasajes, pero se compensa sobradamente con unas melodias gloriosas y una de las mejores orquestaciones de la historia de la ópera.
Escuchamos el coro con que empieza Heliane,
Selig sind die Liebenden:
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