Estuve en la función del día 12. Monsieur le Marquis, no advertí su gratísima presencia, pero es que estaba en la fila 4 de butaca de platea, justo al ladito de la entrada central del patio de butacas (una buena localidad, muy centrada, pero que resulta un poco claustrofóbica): en esa situación, me es imposible darme cuenta de quien puede estar por los pisos altos. No dude de que le hubiera saludado, caso de verle.
A pesar de todo y de todos, disfruté mucho con la función. Y matizo seguidamente la concesiva anterior, no pensemos que me dedico al arte del jeroglífico…
–La dirección de escena de
David McVicar me gustó, pero quizás esperaba algo más. Está llena de detalles magníficos: el gesto de la Institutriz hacia el cantante del Prólogo (¿el misterioso señor de Bly?), la decepción de Flora al recibir la muñeca que le da la Institutriz, el entierro de la muñeca –como ya subrayó Siddharta–, Flora recreándose en el hecho de desvestirse ante el espejo. Y es que Flora no es aquí un mero relleno del elenco como por desgracia suele suceder, sino que recibe una importancia que añade interés a la historia, aunque con un giro algo diferente. En el
debe de la producción, me sobró un poco tanto movimiento de los sirvientes de Bly llevando y trayendo muebles de un lado a otro, la de vueltas que habrán dado las dichosas camas… Merece una mención muy especial la maravillosa iluminación de
Adam Silverman, que logró crear atmósferas muy diferentes con muy poco, iluminando de manera distinta a los personajes reales y a los fantasmas. No se me olvidará la luz dorada, casi anaranjada de los grandes ventanales del fondo, así como la luz proyectada sobre el piano, que por momentos se veía de un color plomo, casi plateado. Emocionante.
–Para mi gusto, lo mejor musicalmente hablando fue la dirección de orquesta de
Josep Pons. Desde mi sitio el
castle of sounds se percibía sin problemas, aunque parece que Monsieur le Marquis no tuvo la misma impresión desde su emplazamiento paradisíaco. Me encantó la garra que Pons imprimió a la orquesta, la manera de destacar todo el intrincado tejido de motivos, la claridad de las entradas. Una verdadera filigrana que enriquece aún más la joya que es
Turn.
–Coincido en que
John Mark Ainsley es mejor como intérprete que como voz, pero no me pareció tan execrable como aquí se ha dicho. Eso sí, mejor como Quint que en el prólogo. El suyo es un Quint jactancioso, muy seguro de sí mismo y del dominio que ejerce sobre Miles. Su mejor momento fue la escena 8 del Acto I, con sus llamadas nocturnas a Miles. Es cierto que esa escena es tan subyugante en lo musical y en lo textual que habría que hacerlo rematadamente mal para reventarla. Pues Ainsley me gustó ahí, y lo digo.
–Me costó reconocer a
Emma Bell, por lo menos la Emma Bell que yo había escuchado como Condesa de
Nozze en el Liceu, en la cantante de la noche del 12. Dramáticamente es una Institutriz sumergida en el papel, pero… es como si le hubiesen cambiado su voz por la de otra persona. El agudo es ingrato, gritado, la voz está muy ensanchada y oscurecida ¿qué le ha pasado a Emma Bell?

Pero repito: me gustó mucho desde el punto de vista dramático, aún reconociendo que su prestación vocal no fue la mejor.
–Un caso similar es el de
Peter Shafran como Miles. Si las películas "con niño" son complicadas, las óperas con niño no digamos. Escénicamente fue un estupendo Miles, pero si buscan un niño que cante peor, imposible encontrarlo. El Acto I fue tremendo, destemplado; en el Acto II las cosas mejoraron bastante. Pero la voz es fea igual…
–Me gustó
Nazan Fikret en Flora. Esa voz que ya no es blanca, pero tampoco está del todo impostada, resulta muy peculiar y también muy apropiada para este papel. Y escénicamente estupenda. Flora es un personaje problemático en cualquier representación de
Turn: o es inexistente porque todo gira alrededor de Miles, o es simplemente increíble por la dificultad de encontrar una intérprete adecuada (quien quiera reírse por este motivo, que vea el DVD de 1990 con Machiko Obata…). No olvidemos que Miles es el mayor y está ya en el colegio, de donde le han expulsado, y Flora sólo tiene seis años. En estas representaciones del TR, han obviado todo ello, y es justo al revés: Flora es ya una adolescente que siente el despertar de su cuerpo, y Miles es menor que su hermana. Flora adquiere una nueva relevancia y otras preocupaciones, y su relación con la Institutriz, con Miss Jessel y con Miles es diferente ¿Traición a la historia original? Puede, pero también un giro interesante.
–Bien
Marie McLaughlin en Mrs. Grose, y muy, pero que muy, muy bien
Daniela Sindram como Miss Jessel. Qué precioso timbre el de esta mezzo. Una cantante a tener en cuenta. Estupenda en el duo de los fantasmas en la escena 1 del Acto II, "The ceremony of innocence is drowned…"
A pesar de todas las cuestiones pormenorizadas, para mí fue una función que disfruté al 200% y en la que se me reveló de nuevo el impresionante genio de Britten, tan similar a Monteverdi en su concepción del teatro musical
Eso sí, en el
debe de la función, dos cosas:
1) Qué pocos aplausos, qué tristeza, qué caras por los pasillos… había gente que sin duda pensaba que no era ópera lo que habían visto y oído.
2) Qué función de pesadilla me dieron mis vecinos de localidad, tanto la pareja de al lado como la chica que tenía delante. Los primeros hicieron varias veces comentarios en voz alta, mientras que la segunda intentó plantar su abrigo de parapeto en el respaldo de la butaca y sobre mis pies (preguntándome si me molestaba, a lo que respondí que MUCHO

). El público que estaba por aquella zona de las butacas de platea era peor que los monos: no pararon de hacer ruido con los pies, y cómo crujen esos suelos, caramba. Si uno se aburre, se va en el descanso, y cuando no se sabe estar en los sitios, hay que abstenerse de ir hasta saber cómo comportarse… Yo no tengo inconveniente en lanzar miradas asesinas y mandar callar a los que molestan, porque no lo tolero. Si pago una entrada es para oír a los cantantes y a la orquesta, no a los vecinos de localidad
Y para no dar sensación de queja permanente, fue muy agradable el encuentro con Yago en el descanso y con Álvaro a la salida, así como los cafés previos con otros foreros que no asistían a la función.
En resumen: que adoro Britten.