Pues yo también he sacado estos días el libro de Williams de la biblioteca. Este foro empieza a tener algunas de las características de las sectas (o, aún peor, de los seminarios).
Aviso, lo que sigue es un poco

, pero a veces me puede la incontinencia. Eso no quiere decir que quiera infligir sin aviso a algún incauto la lectura de unos comentarios cuya única virtud es la de que, aún siendo livianos e inconsistentes en su substancia, se las arreglan mágicamente para adquirir la densidad del pestiño.
Sí que es disfrutable el libro. Se agradecería un estilo algo menos seco (y he visto que no se puede culpar a la traducción, aunque, al principio, pensé que sí), y el hombre tiene manías, como nos pasa a todos los aficionados: no es sólo que desdeñe a Puccini y a Strauss, también es singularmente reticente en sus elogios a Janacek, da la impresión de que no entiende demasiado a Britten, etc...
Esto se explica en parte, quizás, porque es más que probable que a la decantación de los gustos musicales del autor haya contribuido la lectura de Kerman, que fue un crítico muy influyente en su época (al que cita). Esto se ve muy claramente en su desdén hacia Puccini y su visión de Tosca (aunque hay que decir que Williams tiene una mente más sutil que la de Kerman), así como, por ejemplo, en su juicio sobre la música de Pelleas (de la que Kerman decía que había quedado puritánicamente inhibida en su riqueza por el propósito de Debussy de conseguir un flujo natural del transcurso de la ópera en su calidad de obra de teatro cantado), y aunque da la impresión de que Williams no está del todo convencido del juicio de Kerman sobre esta obra, no puede evitar otorgarle cierto crédito.
Pero esto son trivialidades. El libro no es el de un musicólogo sino el de un pensador. Y está lleno de ideas provocadoras, por emplear un adjetivo poco comprometido.
Me divierte el artículo sobre Isaiah Berlin y el desasosiego que le causaba Wagner.